20 may. 2012

Las muchachas de Rabat

De Rabat, adonde fui a contar la versión biográfica que me ha regalado Fausto Porai, he traido:
1 Una tetera de cobre que pienso incorporar a una escultura.
2 Una tetera de plata que he colocado sobre el brasero encontrado junto a la basura de los vecinos.
3 Cuatro pares de babuchas que quizas nunca usaremos por culpa del conocido sindrome babucha-talón.
4 El conocimiento de la entrañable Clara Usón. Juntos paseamos por la Medina de Rabat. Ella bebía zumos de naranja y yo compraba babuchas y teteras. Ella pedía usar el servicio en todos los bares y yo bebía te de menta.
5 El reencuentro con Ricardo Sumalavia y Jorge Volpi: todo perece, pero la amistad literaria menos.
La hija del Este, la novela de Clara Usón. Ambiciosa, cautivadora, valiente. No sólo es un tema que me gusta. A veces pienso que es un libro que hubiera deseado escribir, pero confieso que nunca tendré tan largo aliento, tanto atrevimiento.
7 La breve conversación con Ana Vásquez, llena de referencias napolitanas.
8 El recuerdo de Don Julio Samsó en conversación con Federico Arbós.
9 Y este video en el que una actriz prodigiosa, a los dos minutos y quince segundos, improvisa vertiginosa y brevemente alrededor de Médicos taxistas, escritores.



 
Post-scriptum: al llegar al pueblo (mi pueblo, Puzol), el kioskero (nada que ver con mi maravilloso Isidro) me dice que no puedo comprar el periódico si no me llevo la pelicula. No los compré y ni siquiera protesté. Ya no me apasionan las hojas de reclamaciones y, además, sabía que tarde o temprano le mentaría la madre en un cuartiento.

4 may. 2012

El violento catecismo

Por vivir en un país fundamentalmente católico, estar en mayo y tener un hijo de ocho años, me ha tocado repasar en estos días algunas páginas del catecismo, no visitado por mí desde hacía más de treinta años.
Debo reconocer que para llegar a esta situación han pasado dos cosas fundamentales.
La primera. Hace dos años, mi hijo espontáneamente pidió ir a catequesis y manifestó su deseo de tomar la primera comunión.
-¿Estás seguro? Recuerda que tú no comes jamón. Quizás eso significa que luego querrás hacerte musulmán.
-He dicho que quiero tomar la comunión.
-Pues te arrepentirás.
-¿Qué dices?
- Que el arrepentimiento es una virtud cristiana. Nada más.
La segunda. Que durante dos años hemos ido todos los viernes al catecismo, pero que al no haber sido estos viernes muy provechosos, en el último, a la hora de salida, la catequista más anciana se acercó a la terraza en que yo bebía una cerveza con algunos amigos y me increpó delante de todo el mundo.
-Si sus hijos -hablaba en plural pero yo sabía que la cosa iba conmigo aunque sólo uno de mis niños va a la catequesis- no se aprenden las oraciones, no firmaremos el certificado y no podrán tomar la comunión. Es culpa vuestra porque en la casa es donde ...
No dije nada, me llevé la botella a la boca -quizás no debí hacerlo, ¿verdad?- y me dispuse a soportar las burlas de Javier, el único acompañante cuyo descendiente no va a catequesis.
Sus burlas duraron una hora y hubieran durado mucho más de haber sabido que el encargado de reforzar el precario conocimiento sobre el asunto católico que ha adquirido mi hijo en estos dos años iba a ser yo, yo mismo.
Pues en eso me he ocupado en las últimas tardes.
Comenzamos con el Padrenuestro ya que las lagunas eran elementales.
-Vamos, pequeño, después de "nuestro pan de cada día", debes pedir perdón por nuestras ofensas.
-Pero, ¿qué ofensas, papá? Si yo no ofendo a nadie.
Luego el yo confieso. Me sentí estúpido intentando obligar a mi hijo a confesar que ha "pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión".
-¿De verdad tengo que decir esto de "por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa"?
-Bueno, mejor que no. Vamos a pasar entonces a los mandamientos.
Peor todavía. Ojalá Moisés nunca hubiera encontrado las dichosas tablas. "No matarás". "No robarás". "No tolerarás pensamientos impuros". Todo tan violento, lleno de pornografía, repleto de escenas primarias este catecismo que inocula el germen del pecado para luego castigarlo con la culpa y  después fingir que lo perdona, pornógrafo misericordioso.
Pues que Dios y la vida no me lo tomen mucho en cuenta, pero creo que el certificado nos lo van a negar.
Menos mal que mayo es también el mes de las bodas. Seguro que a alguna nos invitarán.