15 ene. 2014

Revolución de la amistad según facebook



Si hace veinte años una persona de nuestro entorno decía que era amigo de Jacques Chirac (esto por nombrar una figura del pasado), había sólo tres posibilidades: era verdad (había estudiado con él en La Sorbona), se trataba de un chiste o estábamos frente a un mitómano. En el escenario actual, si alguien alardea de una relación semejante (el equivalente seguramente sería un futbolista y esto para CUARTIENTOS no es bueno ni malo), el noventa por ciento de las posibilidades apuntarían a que se trata de una relación iniciada y consolidada a través de las redes sociales. Éste es el mayor aporte de la revolución de la amistad propiciada por facebook: ahora podemos sentirnos cercanos a personas que antes ni siquiera podíamos mirar o rozar. Mucho más que cercanos. Les solicitamos amistad y nos la dan, somos sus amigos.
Otro cambio tiene que ver con las relaciones que ya existían. Comenzaremos por las buenas. El amigo buenazo, el compadre de toda la vida. Ha habido un momento de estos años en nos hemos solicitado amistad a través de facebook. A veces incluso nos hemos llamado telefónicamente antes de hacerlo, haciendo preparativos, como si se tratara de alguna otra pedida. Una vez solicitada, quien recibe la solicitud la valora y, claro que sí, acepta, pero a partir de allí la relación cambiará, para bien o para mal, nos enteraremos mutuamente de cosas buenas y malas, uno verá que el otro se relaciona con personas con las que habían jurado nunca más hablar, el otro lo descubrirá en la fiesta de los enemigos, etcétera, etcétera. Continuamos ahora con las relaciones olvidadas, existentes pero ya olvidadas. La muchacha con la que saliste hace treinta años, que nunca mas viste y que ahora es una señora pomposa: chácata, hace dos meses te solicitó amistad por facebook y aceptaste. El compañero de clases de primaria que ahora llena la red de recuerdos en  los que tú eras el que se cagaba en los pantalones: te lo ha pedido, es tu amigo de facebook. Finalizamos con las malas relaciones, los enemigos de toda la vida. Aquel compañero de la facultad que se follaba a tu novia y te retaba luego a pelear, como si fuera necesario hacer la cosa más humillante, ¿lo recuerdas? Claro que no, luego de odiarlo, de quitarle el saludo, con los años había pasado a un rincón oscuro de la memoria y ni siquiera lo recordabas. Pues ahora te ha pedido amistad por facebook y, luego de valorar la situación, no porque ahora seas mejor ni porque le estés agradecido de que finalmente te haya quitado de encima aquella víbora, sino simplemente porque gracias a facebook la amistad es otra cosa, pues ahora has aceptado ser su amigo.
Visto lo visto, la amistad gracias a facebook es ahora una forma de relación mucho más amplia de lo que nunca había sido: incluye amigos y enemigos, conocidos y desconocidos, recuerdos permanentes y olvidos que se pretendían para siempre, mirones, espías de la CIA, celebridades, ex-parejas, parejas, compañeros de metro y autobús, connacionales, colegas, compañeros de trabajo que buscan destruirte, compañeros de trabajo que no, odontólogos que alguna vez hurgaron en tu boca, profesionales ávidos de publicitarse, ex-compañeros de colegio, compañeros de colegio de los hijos, padres de los compañeros y todo tipo de seres con ojos o sin ellos que sean capaces de obtener una identidad en el invento. Es, para bien o para mal, la forma de relación más amplia y menos significativa que ahora existe.

8 ene. 2014

Elogio de las mujeres cuando hacen deporte al aire libre (resumen de una tertulia hospitalaria)


Woman-running by Okal

A través de la ventana del bar todos vimos a una mujer corriendo (con ánimo deportivo) junto a la verja del hospital y el residente de ginecología comenzó cantar las virtudes del deporte al aire libre:
-Es conveniente practicarlo antes y después del parto.
La residente de segundo año de ORL, sin embargo, desaconsejó realizarlo con audífonos.
-La incidencia del trauma acústico asociado a los audífonos es mucho mayor de lo que ...
El R3 de traumatología trajo a colación otro tipo de traumas asociado también a los audífonos.
-Están corriendo y escuchando música y no se dan cuenta de lo que pasa alrededor, ni siquiera de los obstáculos del camino. Ayer me tocó operar una fractura trimaleolar de ...
Sin embargo, no tuvo problemas a la hora de alabar el deporte físico sin audífonos.
-Es bellísimo verlas correr. Parecen ángeles.
El endocrinólogo, incrédulo siempre, no estaba de acuerdo:
-O demonios, corren demasiado.
El R4 de cardiología lo corrigió:
-Corren lo suficiente y, además, no hay ninguna duda de que es cardiosaludable.
El representante de la unidad de cuidados intensivos lo ayudó:
-Veinte, treinta minutos tres veces a la semana. Es lo ideal para continuar siendo sanos.
El internista callaba, pero su silencio era más afirmativo que negativo. Igual el preventivista. 
El residente de oncología insistió en hablar de la belleza:
-Están buenísimas. Las piernas, el culo, las tetas -era capaz de seguir hablando así toda la tarde, pero recordó otro asunto, el de los olores-. Además, corren y corren, pero no sudan y siempre huelen bien. Es como si se pusieran perfume antes de salir a correr.
El asunto comenzó a gustarme y, finalmente, intervine:
-Eso es verdad. Cuando a veces salgo a correr, huelo el perfume y luego me quedo viendo sus piernas y sus brazos.
-¿Cómo que te las quedas viendo? -me preguntó el endocrinólogo.
-Es que me superan, coño. ¿No habías dicho tú que corren demasiado?

7 ene. 2014

El grito del paciente psiquiátrico


No puede gustar a nadie el grito que nace de la desesperación y pretende ahuyentar con sus decibelios una fuerza que el paciente vive como enemiga.
-Quiero matar al psiquiatra- recuerdo que gritaba un paciente en El Peñón de Baruta y las enfermeras me llamaron, para que me matara de una buena vez o para que yo lo contuviera farmacológicamente.
Estos gritos, repetitivos, incansables, no suelen preocuparse por la disfonía sucesiva. Así, en caso de que no hubiera contención alguna o si la usada no funciona, un paciente puede estar gritando horas y horas:
-La psiquiatra es una puta. La psiquiatra es una puta.
O amenazando:
-Los voy a matar a todos. A todos. A todos.
En ocasiones es el paciente psicótico, pero también el maníaco. En otras ocasiones, es el trastorno de personalidad, mitad psicopático, intoxicado, mitad border.
-Te voy a violar, a ti y a ti, hijo de puta. Negro de mierda.
Sus gritos desesperan y, fundamentalmente, en familiares e incluso en algunos trabajadores hospitalarios, generan impotencia. Ésta, que nace de la gravedad de la situación pero también de la ignorancia, es la que a veces obliga a sonreír: una lectura aunque inadecuada cariñosa, en clave de humor, de la situación del paciente.
El médico, el psiquiatra, no ríe o sólo lo hace si novicio. Valora fuerza, peso, contenido, efectos adversos, los relaciona con la dosis a administrar. Pero a él también le resultará inevitable relacionar lo que escucha con lo propio, aquello que arrastra y vive como persona.
Sucedió frente a mí hace algunos años en un hospital valenciano en que se usaban mucho los diminutivos y, por tanto, la palabra "miqueta". A mí, ese día, me habían postergado el cumplimiento de una promesa humana, personal ("Tendrás que esperar una miqueta"), y me habían aumentado las horas de trabajo ("No te preocupes, es sólo una miqueta"). Al rato llegó un paciente agitado que no entendía mucho valenciano y, luego de escuchar a los residentes decir que para cambiarlo de camilla habría que inmovilizarlo una  miqueta, comenzó a gritar indefinidamente.
-A la mierda las miquetas. A la mierda las miquetas. A la mierda las miquetas.
No sólo reí sino que también le di la razón.
-A la mierda las miquetas -me dije a mí mismo sin que le fuera posible a nadie el oírme-. A la mierda las miquetas