28 jul. 2015

Metrónomo chancleteo


Igual que hacían mi madre y mi suegra
apenas me alzo
comienzo a abrir puertas y ventanas.
Lo entiendo
como una de las funciones de la paternidad
del paso del tiempo.
No sólo pretendo el recambio del aire.
Necesito comprobar que el aire existe
allí, afuera
más allá del microclima que durante la noche
hemos creado con nuestros sudores
el olor de los  libros y la respiración de los celulares.
Necesito ver las flores, los árboles
saber si ha llovido.
Comprobar que es seguro salir luego.
Por eso abro puertas y ventanas
subo las persianas.
Por eso todo comienza a sonar
(las persianas el viento que pasa y mueve las hojas las cortinas)
y los otros habitantes de la casa se despiertan
refunfuñando maldiciendo
quejándose de la luz del ruido
preguntando por qué
qué me pasa
si acaso no puedo esperar
si no sería mejor colocar una sonda en el jardín
que me informase de todo.
Igual que hice yo toda la vida
con mi madre y mi suegra
mientras las tuve cerca
y pude aprovecharme
de su espíritu previsor
escuchar el ruido de sus faldas
aprender de su metrónomo chancleteo.