29 jun. 2016

Manera valenciana de perder el anillo de matrimonio



Creía haberlo escuchado todo: anillos perdidos en el césped, tirados en el retrete, caídos durante un maratón, sumergidos en una copa de vino como una promesa de traición y bacterias, todo. Incluso podría agregar mi propia versión ya que durante un vuelo de 10 horas se me helaron los dedos reduciendo su tamaño encogiéndose, y al retirar el equipaje de mano, el anillo se deslizó y lo perdí.
Hoy he escuchado algo peor: una circunstancia que sólo puede ocurrir en la Comunidad Valenciana o en otro pueblo en que también se practique la terrible aunque interesante costumbre de jugar con los toros en la calle, els bous al carrer.
Un vecino, huyendo de un toro, se encaramó en la barrera. Una vez ido el toro, el vecino se dejó caer, pero su anillo quedó atrapado en la cabeza de un clavo de la barrera. Los noventa kilos del hombre hicieron el resto: el anillo seccionó el dedo y el hombre se quedó sin anillo y sin cuarto dedo.

26 jun. 2016

Bartleby y Medico-no



En las puertas de la facultad de medicina, invitado a matricularse y entrar o a punto de recibir la primera lección, gracias a Melville pero también a Viña Matas, todos sabemos lo que habría dicho Bartleby:
-Preferiría no hacerlo.
Porque es la carrera más larga, porque exige mucho tiempo, porque no le ve sentido a gastar un año de su vida estudiando fisiología, porque es muy difícil trabajar simultáneamente, por las fiestas del pueblo, porque la carrera incluye prácticas en el hospital que no está dispuesto a asumir, por tantas cosas.
Es Bartleby, no puede hacer otra cosa que preferir el no hacerlo. Sin embargo, ya que los padres insisten, finge entrar y matricularse, finge incluso estudiar. Se instala en un apartamento junto a la facultad y todos los días sale después de desayunar, se dirige hacia la universidad y hace como si entrara. Pero no entra porque es fiel a su discurso inicial.
-Preferiría no hacerlo -dijo la primera vez y, aunque nadie lo escuchó, Bartleby es una persona a su manera coherente.
El problema de Bartleby es que siempre llega el momento en que el grupo al que pertenece le pide que se gradúe, que muestre su título y comience a ejercer.
Hay quien sigue siendo Bartleby toda la vida y se inventa una facultad interminable: exámenes, cursos, especializaciones, doctorados y, para después, siempre está  la política. De tal manera nunca llega a prescribir ni siquiera una aspirina. Es el Bartleby bueno.
Hay otros que no pueden ser ni buenos ni coherentes y de Bartleby pasan a ser Medico-no. 
Medico-no es un personaje que sin haber estudiado medicina se presenta como médico. Es trampa e intrusismo, es delito, pero también es enfermedad. Medico-no nunca estudió fisiología ni fisiopatología, pero no le importa: cree que no le hace falta para prescribir paracetamol y enalapril. El problema de Medico-no es que sólo puede terminar en la cárcel o en el periódico. Su ejercicio es, por ignorante y despreocupado, agresivo y una vez transgredida la primera norma las transgrede todas.
Los hay por puñados, porque hay algo de la medicina que resulta apetecible. Pero para mí, por su perseverancia e insistencia,  el más genuino medico-no es uno que conocí en Castellón hace aproximadamente diez años.
Cuando lo vi por primera vez, era medico-no de ambulancias. Traía los pacientes al hospital y permanecía horas conversando mientras hacía grabaciones en el baño de las enfermeras. El hombre daba clases en varias facultades y decía que tenía una y otras especializaciones. Al final, lo denunciaron más por los vídeos que por el intrusismo.
A los cuatro años volvió a atacar. Con un título falso se presentó a hacer la especialización en Alicante o Elche y, además, trabajaba para una mutua. Esta vez lo denunciaron por intruso y todos creímos que desaparecería.
Sin embargo ha vuelto. Esta vez Medico-no ha elegido Figueres para practicar un  saber del que formalmente carece. En el pueblo de Dalí, en un punto de atención médica trabajó seis meses a partir de noviembre de 2015. Terminó siendo denunciado y, en los periódicos, sus pacientes advierten que no notaron ninguna diferencia respecto al ejercicio de los médicos verdaderos.
Es una pena, seguramente, pero también una infinita tontería. En los años transcurridos desde que dejó de ser Bartleby, Medico-no habría podido estudiar varias veces la carrera de medicina. Pero, sin embargo, no lo ha hecho ya que su meta no es ser médico sino medico-no, un asunto absolutamente diferente.

2 jun. 2016

Pescabro de quien insiste


A la salida de la guardia, encuentro la pescabrería abierta y,  entre varios pescabros moribundos, La aventura del tocador de señoras de Eduardo Mendoza. No tengo ninguna duda sobre el pescabro ni sobre el autor. Sobre el primero porque en su tercera línea incluye la palabra "merluzo", lo cual explica porque lo venden en la pescabrería. Y sobre el autor porque recuerdo cuando coincidía con él en el Ferrocarril de la Generalitat. Era en la Barcelona del siglo pasado: el hombre, discretísimo, se sentaba silencioso en un rincón del vagón y yo ocultaba La ciudad de los prodigios que, hechizado, estaba leyendo por tercera o cuarta vez. De hecho, éste debe ser el quinto ejemplar tocador que compro aunque los otros los he comprado en librerías o remates de libros más convencionales. Pero este trae sorpresa: en su interior: al final del segundo capítulo, página 57, encuentro un texto manuscrito, obviamente anónimo:

Cada mañana
encontrarás mi amor
frente a tus ojos.
Estará allí
siempre
a una distancia prudente
para que puedas verlo 
y
si es tu deseo
alcanzarlo.

Este amor es así
insistente
como una piedra dolomita
o un riñón
que incluso sobrevive la muerte.

Este amor tuyo
a fuer de quererte.

Se parece tanto a lo nuestro que comienzo a dudar si acaso fui yo mismo quien dejó este libro sobre la mesa, de manera furtiva, antes de entrar al hospital hace veinticuatro horas, al comienzo de la guardia.