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3 abr 2011

Enfermeras cuando llegan

No sería posible mi vida de médico sin enfermeras. No es que quiera ponerme cursi otra vez y recordar a la enfermera que ayudó a parir a mi madre en una sala del Ateneo de Valencia, en la inauguración del Michelena de 1970. Por supuesto que no. De quien quiero hablar es de Rosario, esa negrota bella y magnífica que se encargó de hacer en mi nombre todas las tareas quirúrgicas que llegaron al Ambulatorio de La Guásima durante mi año de rural. Si ella no se hubiera encargado de drenar los abscesos, de arrancar las uñas, atender los partos y aliviar las fístulas que llegaban a cada minuto, los pacientes habrían protestado, los jefes del departamento de Salud me habrían sacado de sus listas y yo no habría podido cumplir con el dichoso artículo 8, requisito entonces indispensable para emprender carrera.

Ahora adornan mi trabajo otras enfermeras. Cuando me toca hacer una guardia de 24 horas, las veo marcharse y llegar varias veces. Quiero decir con esto que, en esos mil cuatrocientos cuarenta minutos, presencio por lo menos en dos ocasiones el cambio de turno. Mucho más vistoso que cualquier cambio de turno en Londres o en Amsterdam, cambios militares incluidos si acaso no ha sido clara la referencia. Inicialmente, las enfermeras que ya han trabajado ocho horas desaparecen de manera imperceptible. Sus casacas blancas se funden con las paredes y durante un minuto resulta más fácil ganar la lotería que encontrar una. Si el ojo es atento y se asoma al pasillo más allá de la puerta corredera, verá que las del nuevo turno llegan apresuradas vestidas de calle, como si se tratara de un desfile de muñecas. Así como llegan las nuevas van saliendo las otras e inmediatamente, todo a través de la misma puerta, salen las del nuevo turno vestidas de blanco y olorosas a colonia. Inmediatamente están junto al mostrador, discutiendo su ubicación que leen e interpretan en una cuadrícula milimétrica.

Sucedió una vez, esto lo vi hace dos o tres años, que un vendedor de flores llegó al hospital con un tobillo que pensaba fracturado pero que apenas resultó esguince. Mientras le ponían la férula llegaron otros vendedores asustados pensando en amputación, operación y todas esas cosas. Su preocupación se transformó en alegría cuando vieron salir completo al compañero justo en el momento del cambio de turno. Flores las enfermeras. Flores también en las manos de los vendedores. Estos últimos decidieron darle una a cada una. Y así cada enfermera llevaba una flor entre las manos. Entrantes y salientes.

4 dic 2010

Historia médica de un espantapájaros

a Maite Civera, Félix Zirio, Daniela Balescu e Idoia Reynoso,
urgencias
.

Varón de aproximadamente treinta y cinco años que, tras ser hallado tirado en la Calle de Enmedio, en el centro de la ciudad, ha sido trasladado por ambulancia a este centro hospitalario en ausencia de signos vitales. Viste camiseta de mangas largas y pantalón azul desmontable. Calza zapatillas negras y lleva gorra roja con el logotipo de un club de tennis, además de gafas de jardinería. A su llegada, no se realiza exploración electrocardiográfica por estar ocupado el equipo correspondiente en otra consulta. Sucede lo mismo con la temperatura y la tensión arterial. Imposible acceder a información de tipo anagráfico ya que el paciente en cuestión no lleva consigo ningún documento y no responde a estímulos verbales.
Mal estado general. Inconsciente. Imposible valorar orientación. Glasgow tres. Trauma score revisado cero.
El rostro se encuentra vendado posiblemente por traumatismo atendido con anterioridad y la imagen que se observa detrás de las gafas podría corresponder a una gran dilatación pupilar, producto de administración de sustancias psicotrópicas.
No se evidencian movimientos respiratorios y, colocado frente a las fosas nasales, el espejo no se empaña.
Tórax en quilla en el que se palpa una malla cuadriculada sin que sea posible acceder a arcos costales.
No se escuchan ruidos cardiacos ni en el lado izquierdo ni en el derecho.
Abdomen depresible siendo necesario advertir que, debido a que no se pudo separar la camiseta del pantalón, estas valoraciones se han hecho a través de la ropa.
Miembros inferiores sin edema aunque rígidos.
El personal de enfermería refiere que le resulta imposible acceder a vía venosa y el residente de medicina intensiva refiere no poder hacer la intubación endotraqueal.
Se intenta administrar adrenalina infructuosamente y, cuando finalmente se dispone del electrocardiógrafo y las enfermeras empiezan a colocar los electrodos, se recibe comunicación de las azafatas de admisión advirtiendo que un niño de nombre Joan F. ha perdido su espantapájaros en la misma calle en que fue encontrado el paciente.
Se suspende entonces el protocolo de paciente vital que se había iniciado y se realiza este informe a petición del jefe de servicio.