14 ago. 2011

Dos (cuar)tientos

COMIDA MATERNA



Se marchó la mujer y te hartas de comer comida materna. Se acabaron los spaguetti, la pasta, la lassagna, el gatò di patate. Bienvenido al reino de la arepa, la hallaca, la ensalada de gallina y el dulce de lechoza, conseguido casi de contrabando. Esto no puede durar mucho. Eres lo peor, la mierda del mundo, lo nunca visto, lo inimaginable. Come entonces, aprovecha, límpiate la baba. Tonto del culo, estúpido. Dentro de poco volverá el ministerio de justicia y gastronomía y todos te leeremos comiendo carpaccio, relamiéndote los labios, escribiendo textos que no sé por qué llamas cuartientos, diciendo que la comida de tu mujer es la mejor comida del mundo. Imbécil. No tienes, ¿sabes qué?, personalidad.




LA JOVEN DOCTORA
Como una niña sin padres, que ha ganado recientemente la primitiva, la joven doctora va y viene, mueve las piernas, se agita y grita, reclama, ordena, camina y atiende, siente que puede curarlo todo, hacerlo todo, destruirlo todo.
Nada le es ajeno, tampoco indiferente. Es niña, es doctora, es primitiva y hace apenas dos días, convirtiéndose en especialista de urgencias, ha ganado la lotería.



Lo que nadie sabe es que permanentemente escucha una sirena de ambulancia.
Incluso cuando en la mitad de una guardia entra al baño y enciende la luz, una ambulancia la persigue generándole miedo, mucho miedo.
Por eso corre y grita, se agita y maltrata.


Es, en fin, muy joven.
La joven doctora.









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