7/7/2014

La escritura

En cuanto a la realidad, la escritura es un proceso no sólo de registro sino de interpretación. Primero completa y luego interpreta y, más que curar, previene. Se me ocurre un ejemplo. Si a un hombre le interesa una mujer, fundamentalmente tiene tres alternativas. 1: No prestarle atención a su interés que para comenzar siempre habrá tiempo. 2: Prestarle atención y actuar en consecuencia: comenzar a seducir o dejar que se lo hagan. Y 3: Escribir un cuento a partir de su interés (recomendada).
Si ha seguido nuestra indicación, el lector sabrá cómo es esta mujer, la conocerá más que nadie, habrá estado presente en sus sueños y ella en los de él, posiblemente incluso conviva con ella y juntos realicen viajes inmemoriales. Luego, a las catorce semanas, lo dejarán y durante unos meses, cuando le pregunten por el amor, el lector dirá que se trata de una mentira.
Tal como lo habíamos dicho, la escritura completa e interpreta la realidad, fundamentalmente previene sus efectos más nocivos.

5/7/2014

Cuartientos veredes


1. Admítase que hay partidos de fútbol divertidos y que ciertos jugadores, eventualmente, construyen sobre la hierba dibujos (por jugadas) deliciosos. Se admite. Pero de allí a convertir el fútbol en un nuevo orden mundial en que los jugadores y su público se preparan con ánimo bélico, animados por políticos y artistas, admirados por niños y jóvenes, hay una clara y exagerada diferencia. Eso es terrible, pero no es de muy lejos lo peor. Da la impresión que el planeta todo es gobernado por los caprichos de un hombre, un hombre solo, del que poco o muy poco conocemos a excepción de alguna fechoría. No es Obama, tampoco el Papa Francisco, Putin o el extinto Bin Laden. Se trata de Josep Blatter y sólo mencionarlo da grima.

2. Ciertos vecinos han elegido el camino del fondo para que defequen sus perros, Al menos dos o tres kilos de heces fecales son depositados diariamente allí, junto al jardín de un hombre taciturno, de quien nadie hasta ahora podía referir la tesitura de su voz. Hace dos semanas, cansado de tanto perro, distribuyó entre los vecinos hojas que tenían  impresa una sola palabra aunque con letras muy grandes: "RECÓGELA". Como su intervención no fue entendida o, si lo fue, no surtió efecto, hace una semana comenzó a amontonar en el inicio del recorrido una mezcla de heces fecales y pegamento. Todos los días los recoge y los coloca sobre el trabajo de días anteriores. La figura ya tiene por lo menos un metro y, más que un perro, parece un hombre. Me le he acercado y, dando por obvio que se trata de una escultura, le he preguntado por el título. "Recógela". Esa fue su respuesta. Apenas.

3. La belleza ahora multiplicada de las mujeres de mi infancia. No puedo evitarlo. Veo las fotos actuales de las mujeres que conocí en el siglo pasado y me detengo, no puedo hacer otra cosa, en sus ojos, su sonrisa y su pecho. Algunas incluyen incluso cintura y piernas. También las veo. Encantado frente a ellas, contemplo la multiplicación de una belleza que cabalga inevitablemente entre los cuarenta y los cincuenta años. Imagino que si las tuviera frente a mí, escucharía sus discursos o recibiría sus libros, pero a través de Internet, vulgar usuario de facebook, no puedo hacer otra cosa que ver sus fotos y comprobar mayormente que en ellas la maravilla ha crecido, se ha multiplicado, que sus labios y sus pechos se han enriquecido con el tiempo y seguramente el quirófano. Lo advierto públicamente y mi hijo me pregunta qué veo de extraño en ello.
-Realmente nada. Es que si las hubiera visto así de bellas hace treinta o veinticinco años, nunca habría publicado ni siquiera un libro.
-¿Por qué?- Alessandro tiene diez años y, se ve, le gusta el asunto de pedir explicaciones.
-Porque me habría dedicado a contemplar su belleza todo el tiempo.

4. La familia organiza una fiesta entre primos desde hace tres generaciones. Cada vez hay menos interés pero, como las mujeres han parido tanto, también este año somos más.



7/6/2014

Del patio que quiso ser jardín y ahora pide ser patio de nuevo


Fui tonto, lo sé. Veía los jardines tan limpios, tan arreglados, que pensé que también a mí me sentarían bien el rigor y semejante compostura. Fue por eso que pedí ser jardín y, en el fondo, lo confieso, no esperaba que me fuese concedido. Inmediatamente vinieron las máquinas: el cortacésped, las turbinas, la pulverizadora, el aspirahojas. Me llenaban de ruido dos o tres veces por semana. Me llenaban de polvo, me golpeaban, me aturdían. Me quitaron las piedras, se las llevaron diciendo que eran feas e irregulares. Mis piedras queridas. Luego trajeron otras sintéticas, diminutas, pero las dispusieron en forma de sendero hacia la puerta del fondo. Trajeron también plantas que no conocía y enterraron tubos para lo que dijeron sería el riego automático. He intentado el soportarlo durante semanas, meses, años quizá. Pero ya no puedo más. 

Quiero ser como soy
asimétrico
y para nada perfecto. 

Quiero que se vea la tierra 
que contengo
que no me oculten 
con hierba
y nadie venga 
a segar
a cortar
a pulverizar.

Quiero que se acumulen las cosas
en los rincones
y de ser posible
que alguien encuentre la paz
acariciándome
con un rastrillo
arrancando yerbajos
con las manos
de vez en cuando
tranquilamente
buscando en mí la serenidad
necesaria
para continuar
el camino.

Ya que puedo elegir
a ser el de los senderos que se bifurcan
prefiero ser el patiecito
de Ramón Palomares.



30/5/2014

Perro verde a la salida de la guardia


Un perro verde
se alza
tercero
sobre dos mochilas
una sobre otra.

Un perro verde sostenido
con hilos desde el cielo
de ojos vivos
defiende
vida y propiedades
ajenas.

Un perro verde
saluda
el final de la jornada
el comienzo de otra.

Un perro verde
demuestra.

Un perro verde
veinticuatro horas son muchas
fueron tantas cosas
hubo tanto dolor
se escapó tanta sangre
pero ni multiplicadas por mil
serían suficientes
para sanar
pobre médico de guardia
no digo las heridas del mundo
sino las de una comunidad
apenas
que comienza a partir
de este perro
monolito
sereno
preguntando qué has hecho
señalando
qué has dejado sin hacer
aquello imposible porque no vino.

Un perro verde no azul
que se atraviesa
en el camino a casa
justo en la salida del hospital.

18/4/2014

De cómo incluso un caimán puede parecer un intelectual

Se trata de un procedimiento sencillo. Sólo son necesarios dos requisitos: tener más de treinta y cinco años y comprar un dispositivo electrónico (teléfono, tableta o simple reproductor de contenidos) de pantalla táctil. El deterioro oftalmológico, la lentitud de los dedos desplazándose sobre la pantalla (intentando cambiar el instintivo pinchar por el roce) y la necesidad de saber cómo funciona el aparato se encargarán del resto. Por su aspecto, todos creerán que el caimán (o la caimana, recuerda que Cuartientos es un espacio plural que cree firmemente en la superioridad del género femenino), que el bicho en cuestión es un intelectual. No importa que esté jugando Zombie highway, Crazy dentist o Candy crush.

5/4/2014

Heraldo en Bárbula



Hoy tengo ganas de morir no sé por qué dijo el paciente y parecía César Vallejo luego a la puta rubia la voy a matar si me la llego a encontrar fuera del hospital se enterará no sabe lo que le espera en un tono destripador inspiraba algo terrible miedo Jack mucho miedo y seguramente un gran dolor un inmenso dolor capaz de cualquier cosa fue entonces cuando comenzó a agitarse parecía un animal quizá lo era ¿no había sido hacia tan poco Vallejo? igual mordió la mano de la celadora le arrancó casi un dedo estilo Mike Tyson la enfermera decía yo no me le acerco qué va me da miedo a pesar de que llevaba la olanzapina en la jeringa zyprexa así no es imposible que lo sujeten y lo hicieron se fue quedando dormido grande y tranquilo no se movía y apenas abría la boca para respirar y pedir comida un niño ahora dulce angelical esperando crecer y vivir aprovechar la primera oportunidad de recitar a Vallejo sin ni siquiera leerlo.



30/3/2014

Me gusta: narcisismo, histeria y banalidad en las redes sociales




Quizá todo comenzó con la canción de Manu Chao: "Me gustan las estrellas, me gustas tú". No me extrañaría, es tan precaria esta historia. O simplemente a partir de la facilidad y ambigüedad del gesto. Con lo difícil que antes era expresar atracción o simplemente decirlo: se temblaba, se sudaba frío, hasta finalmente balbucearlo, "me gustas". En cambio ahora sólo basta tocar una tecla o un trozo de la pantalla. A partir de entonces, una persona le puede decir a otra que le gusta, se puede gustar a sí mismo o puede decirle al mundo que le gusta el comentario sobre una tragedia, dejando a la interpretación libre si lo que te gusta es la tragedia o el comentario que se ha hecho sobre ella. Por si fuera poco no existe el no me gusta. Sólo te puede dejar de gustar algo que te ha gustado previamente. Se trata -¿lo he dicho ya?- de una forma de vida en que todos nos gustamos, en que nos tenemos que gustar, como si el gustarse fuese de antemano positivo. La red social ha sido programado para que nos gusten las cosas, buenas o malas, no para otra cosa. Antes la gente se medía por centímetros y monedas. Ahora se hace por contactos (que antes tenían mayormente una connotación negativa) y , fundamentalmente, por likes. Esos bichitos crecen, se multiplican, prometen algo que no dan. Cuestan tan poco, pero son la más viva ejemplificación de la histeria del siglo XXI. Hacen posible lo imposible: que a una persona le gusten diez, cien, mil cosas en un solo día. Es imposible. Que  a una persona le guste todo, como si estuviera en manía; que lo exprese a diestra y siniestra, como si la histeria que habita quisiera seducir constantemente, a diestra y siniestra, por delante y por detrás. 
Por si fuera poco, como sucede con las peores substancias, el like agrada y recompensa inmediatamente. Una vez consumido un like, es necesario un segundo. Lo gustado o quien lo ha posteado se siente narcisísticamente acariciado, consentido, multiplicado por cada uno de los roces que se han hecho sobre su idea o su imagen. Así se alimenta Narciso. Así aumenta su pene o crecen sus tetas. "Tengo sopotocientos likes", dice cualquiera y todos quedamos estupefactos como si fueran millones en la cuenta, que es más o menos lo mismo y no merece tampoco estupefacción, o como si fuera una idea, una sola idea realmente interesante. "Tengo sopotocientos likes", digo o pienso yo mismo -todos estamos en esto, compadre, y da grima sólo hablar en tercera persona, como hacen los jóvenes psicólogos- y puedo llegar a creer que mi idea es buena. Mentira podrida, la idea o la foto puede ser malísima, pero los likes han sido dados por razones que no tienen que ver con su calidad. Venga, vamos a inventarnos ocho, así, para salir del apuro, sin pensarlo mucho:
1) Porque es barato, porque no cuesta nada.
2) Porque es una forma de decir que yo pasé por aquí.
3) Porque así tú recuerdas que yo siempre te tengo en cuenta.
4) Porque ayer tú me diste cuatro likes y si no te devuelvo algo quedo en deuda contigo.
5) Porque no tenía nada que hacer.
6) Por error: estaba manipulando el celular y sencillamente quería agrandar la foto.
7) Por que luego el dislike puede ser ofensivo.
8) Por histeria, por una histeria que conozco, ya que estoy psicoanalizado.
Histeria y banalidad hasta ahora. Pura histeria y banalidad. Así, sólo así, se puede explicar que una estupidez como "Tengo cuatro pares de zapatos y no sé cuál ponerme" pueda acumular más likes que dedos puedan albergar los ocho zapatos en cuestión. El problema es que esos cuarenta y cuatro likes pueden satisfacer de tal forma al emisor inicial que se creerá en la obligación de repetir al día siguiente una huevonada parecida. Es el Narciso en acción y, para que no se crea que sólo estoy hablando de putas (una disgresión obscena alrededor de la duda de los zapatos) lo mismo puede decirse y hace algún profesor con los libros: "Tengo cuatro libros sobre la mesa de noche y no sé por cuál comenzar". Likes como páginas. Mil, mil quinientos likes que luego lo obligarán a revelar en un post el libro que Narciso escogió, en cuánto tiempo lo leyó (rápidamente, seguro, ¿acaso no es Narciso?) y las siete razones por las que no le gustó el libro en cuestión. Muchos más likes.
Como pienso entonces que está demostrado, narcisos, histéricos y banales podemos ser todos, incluso los que más lo nieguen, grupo en el que por cierto no me encontrarán. El asunto es que la red social vive y se multiplica (en dólares, no en likes) explotando conscientemente nuestras posibilidades, concientes o no,  de serlo.
Eso es lo que hay. Pero cada uno de nosotros puede abolirlo si quiere. Es lo que yo propongo, no usar el like de la red social. Tampoco el compartir, que es un sucedáneo imbécil. Si te gusta algo, divúlgalo como se hacía en el siglo pasado: llama a un amigo y se lo cuentas. O si eres demasiado moderno, envíale un e-mail con el link. Si no lo haces así y sigues usando el like, voy a pensar que no te ha gustado mucho este cuartiento. 

24/3/2014

Venezuela, la nueva Yugoslavia

(publicado en NAR, Nuestra Aparente Rendición, el sábado 22/03/2014)



1) A la Venezuela petrolera de mediados del siglo XX llegaron europeos de todas las nacionalidades. Venezuela era entonces un país que recibía italianos, españoles, portugueses, alemanes, holandeses. Extrañamente, un país de diásporas, Yugoslavia, mandó pocos emisarios y algunos de los que llegaron realmente querían ir a América (la de habla inglesa en el Norte) y llegaron a Venezuela por un error que pretendían subsanar con prontitud. Ellos entonces poco tienen que ver con que Venezuela se haya convertido, en lo que va de siglo XXI, en una nueva Yugoslavia. Sin embargo, entre los que llegaron, había un escritor, Salvador Prasel, que escribía perfecta y maravillosamente en castellano y que se quedó en Venezuela hasta dejar familia, obra y luego morir. En una joyita de novela (Adiós, hogar), retrata la disolución del Hogar Yugoslavo que alguna vez fue constituido en Caracas. Los croatas se pelearon con los serbios. Unos y otros creían tener la razón, pero igual arrasaron con el hogar. Incluso se pelearon por el retrete y lo destruyeron, lo terminaron destruyendo. Los bosnios los vieron. Algunos tomaron parte. Otros, Salvador Prasel entre ellos, se limitaron a escribir. Sus paisanos no paisanos (los otros yugoslavos) miraban con verdadero odio su irreverancia. Decían del gran Salvador Prasel que era un un tipo raro, demasiado extraño.

2) Antes de este odio infinito entre unos y otros venezolanos, la comparación más evidente que se podía hacer a partir de Venezuela era con un rico país petrolero africano, Nigeria o Camerún. Pero esa posibilidad siempre ha molestado a unos y otros venezolanos, que siempre han mirado por encima del hombro a cualquier país africano y a la mayoría de los latinoamericanos. Los venezolanos estamos acostumbrados a la grandilocuencia. Nos viene de Simón Bolívar, que liberó y fundó países a diestra y siniestra; de Pérez Jiménez, que pretendía un país modélico, el mejor de Latinoamérica; de Carlos Andrés Pérez, que con una mano metía de contrabando a Felipe González en España y con la otra daba discursos en Nicaragua celebrando la caída de Anastasio Somoza; de Hugo Chávez Frías, que creyó o hizo creer a varios millones de venezolanos (los serbios-los croatas fundamentalmente) que el petróleo de su subsuelo podía sostener a Latinoamérica toda. Venezuela siempre se ha creído grande, demasiado grande, muy superior a todo lo que la rodea, hasta el punto de que el único parangón aceptado con naturalidad ha sido con Arabia Saudi: hijos de la Venezuela saudita, se llamaban a sí mismos los venezolanos antes de que el siglo XXI y el chavismo estallaran como una granada demostrando su verdadera pobreza. Un país que ahora resulta hermano, Cuba, siempre fue visto como un primo desventurado al que se le daban ayudas pírricas a pesar de que desde sus entrañas se alimentaban conspiraciones contra la Venezuela bipartidista, de Acción Democrática y Copei. Con la Yugoslavia que reventó Europa en los noventa, hasta ahora no parecía haber razones para plantear paralelismos. Demasiado lejana, llena de nombres impronunciables, muchos muertos, muchas violaciones. Quizá ahora ha llegado el momento iniciar la búsqueda de similitudes. Yo comenzaría por la belleza. Seguramente, todos los libros escolares cantan la belleza de su país, pero cuando los libros escolares venezolanos cantan la belleza venezolana y dicen que es uno de los países más bellos del mundo seguramente no se equivocan. Hablo de las playas a pesar de la industria petrolera. Hablo de sus islas, de sus montañas, hablo de la Gran Sábana, de los Tepuyes, del río Orinoco, de los Andes. Pero también hablo del ambiente multicultural, rico y plural que alimentaba sus ciudades hasta hace bien poco. La antigua Yugoslavia y los países que nacieron de ella también conocen la belleza. Como muestra dejo un botón: el maravilloso archipiélago que crece en el Mar Adriático, frente a las montañas, apenas separados uno y otras por una franja de mar y una carretera estrecha, estrechísima. Hay otras comparaciones posibles, su infinita riqueza. Con y sin el subsidio de la URSS, Yugoslavia era un país muy rico antes de que estallara la guerra de los Balcanes. Venezuela tambien, hasta el punto que no ha sabido que hacer con su riqueza. En los años setenta, los políticos socialdemócratas impulsaron la creación de infraestructuras que ahora, sin el mantenimiento adecuado, parecen elefantes a punto de morir. Otros dineros, cantidades ingentes, infinitas, siempre han sido devorados por la corrupción. Antes de Chávez y con él. Éste, además, con el dinero, creó las misiones, nacionales e internacionales. Tenía tanto dinero que no sabía qué hacer con él. Habrá seguramente quien piensa, los croatas-los serbios, que más le hubiera valido comprar millones de rollos de papel higiénico y guardarlos en la reserva, pero él decidió, con el permiso de muchos venezolanos, los serbios-los croatas, impulsar una Latinoamérica nueva, la misma de siempre según los croatas-los serbios, pero embadurnada con un lenguaje empalagoso, raro, a veces delirante: el verbo de Chávez, del Supremo Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, según los serbios-los croatas.

3) Allí hay otra comparación posible. Para que Yugoslavia se disolviera y se rebalcanizara, no sólo debió desaparecer el Muro de Berlín y disolverse la URSS. Primero, diez años antes, murió Josip Broz Tito. Él amalgamaba ese crisol incomprensible. Su poder, su carisma lo permitían. Bastó que muriese para que ese parapeto, que era innatural, que juntaba la chicha con la limonada, se desvaneciese y unos y otros se convirtiesen en enemigos capaces de matar y violar, de robar y morir. En Venezuela, no sólo debió morir Chávez. Se pretendía inmortal, pero murió precozmente (los serbios-los croatas) aunque nadie podrá decir jamás con exactitud cuándo lo visitó la muerte (los croatas-los serbios). Murió porque lo envenenaron (los serbios-los croatas), pero algo de culpa seguramente tuvo Fidel Castro (los croatas-los serbios) que pretendía que un discípulo suyo administrase el grifo petrolero (los croatas-los serbios), un discípulo, Nicolás Maduro, que es el hijo de Chávez, que es su imagen y semejanza, que es lo mismo que él como igual podría serlo cualquiera de los venezolanos (los serbios-los croatas) que crean en su palabra, que desayunen escuchando canciones de Alí Primera, que se crean negros hijos de negros, descendientes de esclavos, aunque sean hijos de adecos y copeyanos y sus padres hayan pateado Miami en los años setenta comprando artículos por pares, por docenas. Pero es que no sólo murió Hugo Chávez. La noticia de su muerte vino acompañada de deudas, de préstamos chinos, de carestías, de desabastecimiento. Con ellos, Venezuela ha evidenciado la Yugoslavia que tenía dentro.

4) Cuando en Europa o en Asia, incluso en Estados Unidos, se encuentran dos o más latinoamericanos empiezan a hermanarse, recuerdan algunas canciones comunes, elogian el maíz y coinciden alabando las virtudes futbolíticas de brasileños y argentinos. Sólo discuten cuando se trata de decidir cuál es el país más peligroso. Cada quien escoge el suyo, seguro. Pues ahora no hay duda: la violencia de Venezuela, de todas sus ciudades, grandes y pequeñas, es tan grande que las madres (las croatas-las serbias) llaman a sus hijos en el extranjero y les piden que no las visiten, que por favor no vayan, que no vengan, que no vale la pena. Las otras madres también lo hacen (las serbias-las croatas) aunque con un discurso diferente: éste es el momento de la lucha, no vengas, quédate allí donde estés y divulga nuestro credo, multiplica la palabra que nos dejó el Comandante. La violencia venezolana tiene en todo caso dos ingredientes que la diferencian de la violencia natural del sub-continente. En primer lugar, la degradación del lenguaje propiciada por Hugo Chávez Frías que, en lugar de contener, multiplicó la furia del pueblo. Para él simplemente era una herramienta que consolidaba su liderazgo y lo mantenía en el poder. Por si fuera poco, después de su muerte, a pesar de los esfuerzos y de los antiprofesores contratados, ni Maduro ni Cabello logran repetirla. La gente en la calle sí la tiene y la llaman arrechera. Con ella, con esa arrechera, es más fácil (para los serbios-los croatas y para los croatas-los serbios) ofender que disculparse, disparar que hablar. Es un hecho anecdótico, pero refleja algo de la situación. Dos curas fueron asesinados hace ocho semanas en Valencia. Los asesinos no eran croatas ni serbios, quizás eran tres adolescentes bosnios. Y los mataron porque sí, para robar un poquito un cáliz, los huesos de un santo, la limosna de la semana vaya usted a saber por qué. El problema es más grande porque Chávez repatió armas por todas partes, invocando la defensa popular del estado, la unión de pueblo y gobierno, de la sociedad civil y los militares. Así, en un ambiente violento por naturaleza, con odio, sin lenguaje, con armas, la mesa está servida. Actualmente en Caracas es más fácil conseguir un revólver que un rollo de papel higiénico, una escopeta que un kilo de harina de maiz.

5) No hay papel higiénico, harinas, jabones. No hay café, no hay azúcar. No hay nada casi nunca, pero cuando hay la gente no permite que los productos lleguen a los anaqueles de los supermercados, interceptan el paso de las cajas, las abren y cogen tres y cuatro paquetes. Acaban con el suministro en un santiamén. Eso lo hacen los serbios-los croatas y los croatas-los serbios, lo hacen todos porque ni la nevera ni la despensa, mucho menos el hambre, conocen sutilezas. Hay, sí, ciertas diferencias. En parte es una carestía creada artificalmente por el gobierno. Sólo en parte, porque debido a la mala gestión, abolidos la producción local y muchos mecanismos de distribución y comercialización, el estado carece de recursos y mecanismos para resolverla. Sólo lo hace episódicamente, cuando puede y cuando quiere, donde quiere y donde puede, preferiblemente en las zonas donde habitan más los serbios-los croatas. Por eso es más fácil que un serbio-un croata tenga una buena reserva de harina de maíz a que la tenga un croata-un serbio.

6) Los serbios-los croatas eran bosnios hasta hace quince años y votaban por Acción Democrática y Copei. Pero Chávez contactó con ellos, con algo muy interno e intenso, incendió una llama apagada y les hizo recordar que los serbios-los croatas venían de Bolívar, pero que antes venían (tenían que venir) de los negros esclavos, que debían asumir que venían del desamparo a pesar de que hubiesen estado becados toda la vida por los gobiernos social-demócratas o demócratas-cristianos. Todos hicieron la primera comunión y fueron bautizados, pero gracias a las ideas del comandante se hicieron esotéricos, brujos, eclécticos, sincréticos, yorubas, y comenzaron a sacrificar animales. Cuando en 1989 Fidel Castro visitó Venezuela, invitado por Carlos Andrés Pérez, estos serbios-estos croatas lo criticaron, como todo el mundo. Luego, con Chávez, aprendieron a amarlo y comenzaron a cantar canciones en las que Cuba y Venezuela son países hermanos. Los serbios-los croatas son cinco o seis millones y odian, fundamentalmente odian a los croatas-los serbios. Porque dicen que éstos son ricos, porque son proyanquis, porque son extranjeros, porque son los amos del valle, porque son los culpables de todas las desgracias del país a pesar del tiempo transcurrido desde que Chávez comenzó a mandar. Para un serbio-un croata si no hay harina de maíz (qué importante es la harina de maíz en el país de las arepas) la culpa la tienen los croatas-lo serbios o sus valedores políticos: Capriles Radonski (el Chuki Luky según Maduro), María Corina Machado (la Chuky Loca), Leopoldo López (el Chuky Nosequé). Los serbios-los croatas defendían a Chávez, lo amaban, se sentían identificados con su discurso. Chávez efectuó una transmisión de poderes con Maduro que aunque no ha sido cien por ciento efectiva, como diría Michael Corleone, ha dejado atados la mayoría de los contactos. Ahora los serbios-los croatas defienden a Maduro. Se han llamado pueblo, milicias, comunas. Ahora se llaman colectivos. Algunos van en moto, con pistolas, escopetas, parecen tonton macoutes, prometen arrasarlo todo. Lo importante no es Venezuela, es Maduro, a mi Comandante Chávez no lo toca nadie, carajo. Los serbios-los croatas son buenos, son hijos y nietos de buenos venezolanos. O de buenos canarios, sicilianos, piemonteses, gallegos, holandeses, alemanes. Pero han sido convencidos con el verbo del comandante, con una ayuda, una casa, un mercado popular cerca de casa, una operación milagrosa, con el bombardeo constante de los medios de comunicación o la posibilidad de graduarse de médico en el extranjerode la necesidad de odiar a los croatas-los serbios. Gracias a esa convicción, a pesar de su bonhomía habitual, son capaces de insultar, de atropellar y, si fuera necesario, matar a uno o a mil croatas-serbios por un quítame aquí esta paja, que en este caso quiere decir "no te metas con mi comandante Chávez, tampoco con su hijo Maduro". A ese ánimo, es necesario agregar que cuentan con el apoyo de las fuerzas policiales y militares porque los serbios-los croatas son el pueblo y el lema que ahora impera es el de la unión cívico militar. Por ello, cualquier atropello o barbaridad cometida merece la indulgencia no sólo porque ha sido cometida defendiendo una creencia santa, cuasi religiosa, sino que además ha sido perpetrada contra uno o varios fascistas (hijos de puta, coños de madre), imperialistas, proyanquis, culpables de la ruina del país y del subcontinente todo, capitalistas cabrones que sólo quieren enriquecerse cada vez más y más: los croatas-los serbios.

7) Los croatas-los serbios también eran bosnios hace quince años. Es que sencillamente hubo una época en que todos éramos venezolanos. Como todos, alguna vez fueron adecos o copeyanos o hijos de adecos y de copeyanos. Otra cosa es imposible porque los partidos de izquierda en Venezuela nunca obtuvieron más de doscientos o trescientos mil votos. Están obstinados, no los toleran ya, les dan grima los cambios que ha sufrido el país. Donde antes había un centro comercial ahora hay una tienda estatizada, decorada con la bandera de Venezuela, donde no se consigue un carajo. En el canal en que antes veían una telenovela ahora les ponen a cada rato una cadena recordando a Chávez o, gracias a Maduro y a Diosdado Cabello, imitándolo. No toleran esas voces, esas canciones, esa palabra que se repite: revolucionario, revolucionario, revolucionario. Se sienten comprometidos con la necesidad de salvar al país. Sienten invadido al país. No toleran la intromisión cubana. Creen que Cuba hace todo esto por interés, para quedarse con el petróleo, con el dinero del petróleo. No entienden de misiones porque las misiones no los benefician. La mayoría están metidos en listas negras y, ni siquiera pidiendo perdón, tendrían acceso a las prebendas del gobierno. Ven cómo el país se está desmoronando. No entienden cómo en medio de tanta ruina, Chávez-Maduro entrega miles de millones de dólares a otros países a cambio de médicos y técnicos deportivos, pero también de putos votos en la OEA. Son, cómo no, acusados de fascistas, pero ellos creen que los fascistas son los serbios-los croatas. Cuando un policía utiliza la fuerza de manera desmesurada en una manifestación creen que se trata de un policía cubano y eso es posible porque las fuerzas de seguridas están tomadas por Cuba. Se irritaban por la rimbombancia de Chávez y, ahora mucho más, por la eternidad que los serbios-los croatas parecen atribuirle. Ven en Maduro un hombre sin estudios ni preparación, un chófer de autobuses que ni siquiera es venezolano. Cuando ven viajar a las hijas de Chávez se les ponen los pelos de punta. De un lado al otro del mundo, en primera clase, gastando un dinero que nadie explica de dónde proviene. Cuando escuchan cantar a la hija de Diosdado Cabello una canción dedicada al Comandante, obviamente les vienen la nausea y el vómito, no importa que no hayan comido. Se sienten odiados y tienen miedo. Pero están dispuestos a defenderse, a riesgo de perder la vida, como y cuando sea necesario.

8) Hay también otra forma de ser yugoslavos en Venezuela: ser bosnio. Este es un venezolano al que no le importa mucho la política, que nunca se benefició de los derroches bipartidistas y que tampoco ahora tiene acceso a las misiones. Los bosnios siempre se han quejado del precio del plátano, de las caraotas. Pues ahora no sólo están caros sino que no se consiguen. Se quedan encerrados en sus casas y ven desde la ventana cómo pelean los-serbios-los croatas y los croatas-los serbios. Tienen miedo desde el principio de la película y ahora, además, hambre. Los serbios -los croatas les ofrecen protección, pero ellos desconfían. Los croatas-los serbios les piden que se animen, que se incorporen a la lucha para salvar el país, pero los bosnios no se animan. Hay falsos bosnios, como el empresario Gustavo Cisneros que ahora aparece pidiendo la intermediación del papa a pesar de haberse convertido en serbio-en croata para salvar sus empresas y que le permitieran trasladarlas a Estados Unidos. Pero también hay hijos y nietos de bosnios que, sin beber la leche de los serbios-los croatas ni la de los croatas-los serbios, salen a la calle porque sienten que la situación es insostenible, que no tiene sentido vivir así, que seguramente hay otra forma de vivir en Venezuela que no sea hacer colas larguísimas en el supermercado para que en él no haya nada. Son jóvenes imberbes en su mayoría que se alimentan de las redes sociales. Van a manifestar y allí los matan. Van más de veinte, pero podrían ser cien o mil: ¿acaso los números importan cuando se habla de cadáveres?

9) Así las cosas, Venezuela (la nueva Yugoslavia) tiene que terminar mal. No hay que ser militar estadounidense para darse cuenta. De hecho ya ha terminado mal porque este odio, este enfrentamiento, significa la disolución práctica del país y el venezolano, el ser venezolano, ya no existe: ahora están los serbios-los croatas y los croatas-los serbios. Quizá alguien pienso sobretodo en los militares venezolanos, en los intelectuales foráneos que creen que éste es un asunto de izquierdas o de derechas y en las personas todas que se niegan a dialogar quiera ver más sangre, más hambre, más miseria. A saber si las verán. No tiene sentido hacer predicciones sobre algo tan vivo, tan doloroso. En todo caso, algo de lo peor ya ha pasado y es que, sin papel higiénico para limpiarnos el culo, como si estuviéramos en la última página de una novelita de Salvador Prasel, los serbios-los croatas, los croatas-los serbios y los bosnios nos estamos peleando por el retrete del Hogar Yugoslavo.


10/3/2014

Si estuvieras aquí




Durante meses, mucho más en las últimas semanas, en los últimos días, he pedido a las personas de mi afecto que me expliquen qué es lo que sucede en Venezuela, cómo se come -con qué cuchillo, con qué tenedor- ese arroz con mango en que ha terminado convirtiéndose el país en que crecí y aprendí a vivir, amar y escribir.
-Es complicado - me dice mi madre-. Es demasiado complicado.
Su respuesta no me vale. Por eso sigo preguntando. Alguien me tiene que explicar cómo hace un venezolano de bien -y conozco varios- para tolerar y aplaudir los discursos de un Nicolás Maduro que a mí me parece un mequetrefe o por qué otros que también son de bien -me consta- permanecen apostados en la calle durante casi un mes como rezándole a las nubes para que de un solo aguacero se lleven a un hombre que seguramente quiere parecer más mequetrefe de lo que es.
-No es fácil - me dice el compañero más brillante de la facultad y luego me  envía el link de un video donde los vecinos de El Hatillo cacerolean a un cantante identificado con el gobierno.
No me basta obviamente aunque recuerdo que hubo una época en que una canción de ese cantante me gustaba.
-No te preocupes por estas cosas -me dice mi tía-. ¿Tú no estabas terminando una novela? Pues trabaja y ya está. Esto no tiene solución.
Eso me dice, pero inmediatamente comienza a contarme todo lo que no hay, lo que no se consigue: leche, pan, harinas, papel higiénico.
-Tenemos cuatro rollos porque una amiga nos los trajo y a cambio le dimos no sé cuántos plátanos.
Luego me describe a una de las estudiantes asesinadas en las manifestaciones.
-Era bellísima. Fíjate que fue Miss Turismo hace apenas dos años.
-Pero, ¿por qué? - insisto en preguntarle.
-¿No te dijo tu madre que era complicado, que no hay palabras para explicarlo?
Es absurdo, pero en el fondo entiendo el fondo de lo que dice. A pesar de que siempre he creído en las palabras, sé que hay cosas que no es fácil explicar con ellas. Pongo como ejemplo el sur de Italia: la belleza generosa que en ocasiones se torna ruin, la mafia, el arte, la camorra, la historia, el silencio y la resignación de sus habitantes.. Hay que vivirlos de cerca, comer cientos de kilos de buena pasta, escuchar a Pino Daniele, leer a Carlo Levi, enterrar un ser querido allí, haber hablado con sus habitantes naturales miles de horas para luego, finalmente, tener una idea de por qué sucede todo eso en una parte del mundo.
Algo parecido también pasa con los gitanos en España:
-Es que nosotros somos así - me dijo alguna vez un paciente vestido de flamenco.
Su así era largo y terrible, un así que significaba muchas cosas: inexplicable, profundo, intrincado.
Pero yo sigo preguntando. ¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanta violencia en las calles en que aprendí a caminar? ¿Quién organiza las marchas, las manifestaciones, las contramarchas, las guarimbas, los colectivos, las barricadas?  ¿Quién enseña a los soldados a matar? ¿Cómo es posible que la guardia nacional dedique sus saberes a maltratar adolescentes y minusválidos? ¿Por qué no se consigue la leche, la harina de las arepas? ¿Cómo puede hacer una anciana que conozco para saltar una barricada y procurarse una bolsa de alimentos?
Lo ignoro casi todo, qué duda cabe. También es verdad que siempre he sido un analfabeta político,que nunca en mi vida, ni siquiera pretendiéndolo, he acertado en un proceso electoral o que he tenido frente a mí personas que ahora son líderes o incluso semidioses -hablo del mismo Chávez, de algún gobernador actual, de varios diputados de la Asamblea Nacional o de algún director regional de salud- y pensé que eran idiotas u orates.
-Mejor no sigas preguntando -me dice un amigo en un mensaje de facebook, como si yo estuviera haciendo algo peligroso.
-Pero, ¿por qué? Tiene que haber alguna razón, alguna causa. Tiene que haber palabras que lo expliquen.
-Si estuvieras aquí lo entenderías -me dice cariñosamente-, aquí con nosotros.
Me impresiona la belleza de sus palabras, pero obviamente ésta no basta, Yo continúo sin entender y sigo preguntando. Tiene que haber alguna forma verbal de explicar y entender cómo y por qué la Venezuela que conocí decidió irse al carajo.



8/3/2014

Messi: vómito gratuito



Es característica de nuestro cuerpo el emitir secreciones o expulsar contenido por los orificios naturales. Así defecamos, orinamos, escupimos, tosemos. Eventualmente, vomitamos sin que sea necesario estar enfermo para hacerlo. Al futbolista Lionel Messi le ha sucedido, al parecer en varias ocasiones, el vomitar delante de miles y/o millones de espectadores, la última vez en un partido que la crónica dice que no tuvo mucho fútbol. No pasa siempre y eso lo convierte en noticia. El médico puede vomitar, pero procura no hacerlo delante de sus pacientes. El bombero se aparta del fuego. El actor corre al servicio o al camerino. Messi no pudo (o no quiso) y las cámaras se concentraron en su vómito. Parafraseando a Erving Goffman, Lionel Messi vomitó en el espacio anterior de su vida y así la enfermedad proporcionó el espectáculo ya que el fútbol no lo tenía. En su edición del viernes 07 de marzo, junto a la crónica del partido, el periódico que leo en España (El País) propone una foto de casi media página en la que el chorro líquido-alimentario que sale de la boca del futbolista pretende eternizarse en la mirada del lector. Como lector, como médico, como persona, como escritor, como paciente potencial que lo somos todos, me resulta una ilustración gratuita e innecesaria del partido.
Ya para terminar, una pregunta, una preguntita posible en medio de esta pérdida posible de pudor, buen gusto y educación elemental. Si en lugar de emético el síntoma hubiera sido diarreico, ¿cómo habría sido la foto publicada por los medios de comunicación? ¿Messi defecando?



19/2/2014

La ladrona de figuritas


Me cuenta una amiga que todas las semanas va una mujer a su casa y le roba una figurita. 
-Eso pasa desde hace dos o tres meses. 
Inicialmente se robó un pequeño busto de Mozart que mi amiga había comprado en Viena.
-No pude creer que era ella -refiere ahora mi amiga, que tiene algo mas de ochenta años-, porque esta mujer siempre había gozado de mi aprecio. Por eso preferí pensar que se trataba de un descuido mío.
Pero a las dos semanas desapareció una figurita del niño Jesús.
-Era obvio que era ella.
-¿Por qué?
-Es que casualmente había limpiado la imagen antes de su llegada y, después, cuando ella se fue, el niño Jesús ya no estaba.
-Qué hija de puta.
-Te agradezco que no digas groserías cuando hablas conmigo -mi amiga en su tiempo fue una mujer irreverente y de vanguardia pero las malas palabras nunca las ha digerido.
-Perdóname, no lo volveré a hacer -el secreto de nuestra amistad radica en que yo no discuto con ella por esas cosas.
A las dos semanas, la ladrona de figuritas volvió a atacar. Se ve que esta mujer, llamémosla la mujer Ch ya que su apellido es Chirinos, tiene la perseverancia como virtud y el robo como defecto.
 -Pero, ¿por qué se lo permitiste? ¿Por qué no le dijiste nada?
-¿A qué te refieres?
-A que no tiene sentido que aceptes todas las semanas la visita de alguien que sabes que te va a robar.
-Y tú, ¿qué hubieras hecho?
-Y yo qué sé. Ponerle alguna trampa. Embadurnar de mierda una figurita.
-Recuerda lo de las groserías.
-Perdón. O meter un micrófono en una.
Mi amiga ríe. Está en ello por lo menos medio minuto y luego vuelve a hablar.
-Yo he hecho una cosa diferente.
-A ver, cuéntame.
-Todas las semanas, cuando sé que viene, voy a la tienda de los chinos, compro una figurita barata y la coloco sobre el piano, donde sé que ella cuando venga la va a robar.
-Pero, ¿para qué?
-Es que me gusta ver cómo tiembla esperando que yo voltee o vaya a la cocina. Me gusta ver su mirada culpable, la rapidez con que luego se despide. Para mí es como una obra de teatro.
-Si es así, yo ya tengo su título.
-A ver, ¿cuál?
-La doctora Ch.

12/2/2014

Adiós, abrazos



Hace más de un año escribí un cuartiento relacionando la merma progresiva de los periódicos impresos con la desaparición de los abrazos. Me refería entonces fundamentalmente a lo que ahora se llama transición digital: la migración de lectores del formato impreso al digital a través del ordenador, las tabletas y la telefonía móvil. Aunque suena a tonto y simplemente bonito, a mí me sigue gustando y pareciendo pertinente la idea de que si los periódicos impresos desaparecen se irá produciendo progresivamente una abolición de la musculatura necesaria para su apertura que, mira por dónde, es bastante parecida a la de los abrazos. De eso se trataba entonces y se sigue tratando todavía, empeorada la situación porque la venta de la versión impresa de los periódicos es cada vez menor y por situaciones como la de Venezuela, donde el gobierno ha sitiado en las últimas semanas a la prensa escrita no permitiéndole acceder a la compra de papel.
Se maravillará el lector de que no me haya manifestado cuando la carencia tenía que ver con el papel higiénico y me manifieste ahora en una situación que sólo tiene que ver con los periódicos y sus noticias, de las cuales hay quien dice que no vale la pena leer porque siempre son catastróficas. 
Pues yo sí lo hago porque lo que sucede ahora no sólo tiene que ver, como en el caso del papel higiénico, con la carestía y la necesidad de desviar la atención de temas prioritarios para darle folklore al gobierno de Nicolás Maduro y así hacerlo parecer un poco más a Chávez, sino que es una maniobra burda de censura, adoctrinamiento y coacción. Intentan silenciar y comprar voces disonantes, no complacientes, y para hacerlo no les importa agredir a los que siempre, desde que aprendíamos a leer y nos manchábamos las manos con su tinta, hemos sido sus lectores.
En la misma onda de maravillas, seguro habrá quien diga que yo no debería hablar de estas carencias porque estoy fuera del país y no son esas páginas impresas las que compro todos los días. A ellos he de decirles que gracias a esos periódicos aprendí a leer y escribir, que me hice escritor leyéndolos y queriendo escribir en ellos y que, debido al entorno rural en que viví durante la infancia y la primera juventud, para leerlos debía caminar los domingos catorce kilómetros (siete de ida y siete de vuelta), pero que luego mi sudor y mi cansancio eran finalmente recompensados con la posibilidad de oler, abrir, hojear, leer con lentitud y finalmente detenerme en sus páginas.
Ésa es la razón por la que habrá que despedirse de los abrazos. Es la más vil de las razones y, como si poco fuera, me doy cuenta que la migración digital es indetenible. Ella no me causa dolor, sino incomodidad. En un mundo falsamente global, aunque absolutamente globalizado, en que sincrónicamente conviven situaciones absolutamente diferentes, hay países que piden papel y otros que sólo quieren Wi-Fi. En uno de los últimos, a pesar de la crisis o por ella, he visto cómo las chucherías le quitan en el quiosco el puesto de privilegio a los periódicos. Éstos -pensaba escribir "los pobres" refiriéndome a los periódicos, pero el lector podrá comprobar que habría quedado fatal-  cada vez son menos y están más arrinconados.
-Es que no se venden - me dijo la amable quiosquera hace apenas dos o tres días.
-Y por eso también desaparecerán los abrazos -le respondí sin que a ella le fuera posible comprenderme, arriesgándome a perder el tren.

3/2/2014

La globalización, ¿qué es?

(pensando en la necesidad  perentoria de conversar sobre economía y política con mi hijo Alessandro)

Por años he pronunciado la palabra globalización, atribuyéndole virtudes y defectos, sin saber qué cosa es realmente. Un ente, algo intangible. Un invento de la derecha del que la izquierda se beneficia y por si fuera poco critica. La posibilidad de ordenar un libro y leerlo a los treinta segundos en un aparato electrónico. Escribir en Valencia de España contra el alcalde de Valencia de Venezuela o viceversa. Contratar un servicio en Castellón para darme cuenta luego que le estoy pagando a una empresa sudafricana. Conducir un coche que fue pensado en Japón, ensamblado en Bulgaria con piezas de Estonia. Que el salario mensual llegue al banco y éste lo distribuya entre mis acreedores que le resulten más agraciados. Algo así.
Pues no, nada de eso. Hoy, luego de indicar un sondaje vesical finalmente me he dado cuenta de qué es la globalización. Para el lector alérgico a la medicina y sus formas, explicaré que una sonda -necesaria fundamentalmente en caso de retención urinaria o si se quiere medir y controlar diuresis- se introduce por la uretra y con ella se ha de llegar a la vejiga urinaria. La sonda tiene un conducto interior por el que una vez llegados a vejiga se hincha un pequeño balón o globo que, haciendo tope, fija la sonda e impide su salida.



Pues eso es lo que es la globalización: el globo o balón de una sonda vesical por el que nos tiran permanentemente haciendo que nos duela la uretra. Por eso pagamos, para que no nos duela más. Por eso callamos, para que duela menos. Y así lo hacemos porque por uno o por otro lado desde hace ya varias décadas todos estamos sondados y globalizados.

15/1/2014

Revolución de la amistad según facebook



Si hace veinte años una persona de nuestro entorno decía que era amigo de Jacques Chirac (esto por nombrar una figura del pasado), había sólo tres posibilidades: era verdad (había estudiado con él en La Sorbona), se trataba de un chiste o estábamos frente a un mitómano. En el escenario actual, si alguien alardea de una relación semejante (el equivalente seguramente sería un futbolista y esto para CUARTIENTOS no es bueno ni malo), el noventa por ciento de las posibilidades apuntarían a que se trata de una relación iniciada y consolidada a través de las redes sociales. Éste es el mayor aporte de la revolución de la amistad propiciada por facebook: ahora podemos sentirnos cercanos a personas que antes ni siquiera podíamos mirar o rozar. Mucho más que cercanos. Les solicitamos amistad y nos la dan, somos sus amigos.
Otro cambio tiene que ver con las relaciones que ya existían. Comenzaremos por las buenas. El amigo buenazo, el compadre de toda la vida. Ha habido un momento de estos años en nos hemos solicitado amistad a través de facebook. A veces incluso nos hemos llamado telefónicamente antes de hacerlo, haciendo preparativos, como si se tratara de alguna otra pedida. Una vez solicitada, quien recibe la solicitud la valora y, claro que sí, acepta, pero a partir de allí la relación cambiará, para bien o para mal, nos enteraremos mutuamente de cosas buenas y malas, uno verá que el otro se relaciona con personas con las que habían jurado nunca más hablar, el otro lo descubrirá en la fiesta de los enemigos, etcétera, etcétera. Continuamos ahora con las relaciones olvidadas, existentes pero ya olvidadas. La muchacha con la que saliste hace treinta años, que nunca mas viste y que ahora es una señora pomposa: chácata, hace dos meses te solicitó amistad por facebook y aceptaste. El compañero de clases de primaria que ahora llena la red de recuerdos en  los que tú eras el que se cagaba en los pantalones: te lo ha pedido, es tu amigo de facebook. Finalizamos con las malas relaciones, los enemigos de toda la vida. Aquel compañero de la facultad que se follaba a tu novia y te retaba luego a pelear, como si fuera necesario hacer la cosa más humillante, ¿lo recuerdas? Claro que no, luego de odiarlo, de quitarle el saludo, con los años había pasado a un rincón oscuro de la memoria y ni siquiera lo recordabas. Pues ahora te ha pedido amistad por facebook y, luego de valorar la situación, no porque ahora seas mejor ni porque le estés agradecido de que finalmente te haya quitado de encima aquella víbora, sino simplemente porque gracias a facebook la amistad es otra cosa, pues ahora has aceptado ser su amigo.
Visto lo visto, la amistad gracias a facebook es ahora una forma de relación mucho más amplia de lo que nunca había sido: incluye amigos y enemigos, conocidos y desconocidos, recuerdos permanentes y olvidos que se pretendían para siempre, mirones, espías de la CIA, celebridades, ex-parejas, parejas, compañeros de metro y autobús, connacionales, colegas, compañeros de trabajo que buscan destruirte, compañeros de trabajo que no, odontólogos que alguna vez hurgaron en tu boca, profesionales ávidos de publicitarse, ex-compañeros de colegio, compañeros de colegio de los hijos, padres de los compañeros y todo tipo de seres con ojos o sin ellos que sean capaces de obtener una identidad en el invento. Es, para bien o para mal, la forma de relación más amplia y menos significativa que ahora existe.