1 oct. 2013

¿Acaso la narrativa es una especialidad médica?

 
(fotografía de J. Sánchez)
 
 
Por supuesto que sí, qué duda cabe, siempre que el especializando sea un medritor y la narrativa no sea su única especialidad. Si cumple estas condiciones, la narrativa incorpora una comprensión global de la historia de la enfermedad, profundiza en sus precedentes y visualiza sus consecuencias. Aun más, la capacidad narrativa de detenerse en lo aparentemente nimio multiplica el sentido de la medicina. Se me ocurre un ejemplo. Un hombre que llora todas las tardes desde hace 36 meses no es simplemente un distímico si el llanto es propiciado por su hijo -que hace sonar en el ordenador canciones de su infancia- ni mucho menos si el niño lo hace porque casi contemporáneamente con el llanto el padre ríe celebrando la ocurrencia.
¿Es posible entonces que muchos médicos sean medritores sin saberlo? Es posible, sí, y para asegurarlo habría que revisar sus historias médicas e indagar en sus aficciones.
Puestos ya en el tema, se me antoja casi natural una tercera pregunta: Y la poesía, ¿también es una especialidad médica? Seguramente sí. Aporta sensibilidad, mejora el trato con el paciente. Pero yo (yo mismo, yo del yo, el ello y el súper yo), yo casi no la ejerzo.
 
 


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