26 jun. 2013

La belleza según el último paciente

Olvídese de libros y películas. No hable de El Padrino. No piense en nada de eso. Las palabras se las lleva el viento y, no sea tonto, deje de pensar que esto último le parece bonito. Usted tiene que sembrar, plantar las tomateras. Plante también calabacines y pimientos. Lechuga, que en esta tierra se da muy bien. Una vez a la semana écheles sulfato. Una vez a la semana. Estoy hablando de las tomateras. Sulfato desde arriba, pulverizado como si fuera agua del cielo desde la punta de la planta. Después usted verá, en las tardes conocerá la belleza. Qué maravilla cuando la mujer se pone un delantal. Un delantal grande sobre las ropas de domingo. Y se va al campo y recoge cinco tomates, dos calabacines y una lechuga. Eso es una belleza que produce vicio. Verla entrar en la casa con el delantal recogido. El momento en que vierte su contenido sobre la mesa de la cocina. Es una delicia. Mírela cómo sonríe. Da gusto comer esa ensalada.

23 jun. 2013

A favor y en contra de los fines de semana


 
El viernes en la tarde un vecino insiste en que yo alguna vez le dije que el vello corporal se escribe y dice con la labial b de Barcelona.
-Es improbable -le digo-, porque los asuntos de la b y de la v siempre han sido importantes para mí.
-Sí, pero aquella vez tú lo dijiste y todos en la mesa así lo entendimos.
No pude ni puedo todavía entender qué pretendía, cuál era el objetivo de tanto afán didáctico y recriminatorio.
-¿Es que acaso es muy importante para ti? -le dije en un intento de conciliación, ya no con él, sino con el fin de semana.
-Es que tú lo dijiste. Todos los que estábamos en la mesa lo escuchamos -dice el hombre.
-Lo lamento en todo caso, pero no es así, se escribe con v.
-Es lo que yo digo.
-Pues sí, lo que pasa es que cada quien escucha y entiende lo que quiere escuchar y entender.

El sábado en la mañana veo una pareja jugar al tennis. Ella tiene fuerza, grita y pelea cada pelota, corriendo como una tigresa sobre sus setenta años. Él tiene un juego de fondo, más pausado, pero sumamente efectivo. Dos o tres años más que ella, cuando no le toca responder con el revés, se lleva la mano izquierda a la boca de la traqueostomía. Ganaron tres partidos seguidos, uno tras otro. Cuando regresaban del podio, la felicité y ella me dio una palmada en el pecho, del lado del corazón
  
 
En la tarde, acompaño a mi hijo que tiene partido. Él y un amigo juegan contra una pareja mixta. Ella, tres años mayor que el resto, altera con trampas permanentemente el puntaje. Toda pelota en contra intenta convertirla a favor a pesar de las evidencias.
-Canta cada pelota -le aconsejo a mi hijo, que se acerca a mí desesperado.
Así lo hace y al final, él y su amigo logran derrotar a los tramposos.
-¿Qué te parece? -me pregunta Alessandro cuando termina el partido.
-Que la niña ya puede casarse y divorciarse. Se lo llevaría todo.
 
Domingo en la mañana. Salgo en bicicleta con JC. En la subida más larga, debí bajar. Luego, las otras subidas me parecían un asunto de niños. Menos mal porque, ya al final, JC jugaba a despistarme. Casi lo hizo una vez y finalmente lo logró en la última.
Cuando nos despedíamos, me preguntó qué haría yo en el resto del día.
-Voy a hacer una paella para extranjeros.
JC lo sabe. Yo sólo cocino paella para personas nacidas fuera de la Comunidad Valenciana.
-¿Por qué? -me preguntó la primera vez que se lo dije.
-Porque para que un valenciano reconozca que a un venezolano la paella le ha quedado buena tiene que ser mucho mejor.
-¿Mucho mejor qué?
-Mucho mejor persona -le dije aquella vez.
-¿Y luego qué harás? -me preguntó hoy mientras se bajaba de la bici.
-En la tarde voy a escribir. Ya está bueno de no hacer nada durante tanto tiempo.

12 jun. 2013

SOTNEITRAUC


-¿Qué ha dicho?
-Adan.
-Lo que no entiendo es porque usted insiste en hablar y escribir al revés.
-Orep, ¿lauc se le amelborp?
-Ninguno, ninguno, pero el lenguaje existe para comunicarse.
-Arap esraserpxe airid oy.
-Es igual, pero si usted habla al revés todo el tiempo a mí me cuesta mucho entenderle y este encuentro se hace cada vez más largo.
-Aroha le euq on edneitne adan yos oy. Detsu es ajeuq ed im, orep detsu ebed raredisnoc euq atse noislup aim on ereifretni arap adan noc im ojabart in noc im adiv railimaf. Ne sose sotxetnoc, oy erpmeis olbah lanrom.
-Entonces, ¿para qué me llama? ¿Para que viene e incluso me paga?
-Euqrop oreiuq ralbah noc detsu.
-¿Cómo? ¿Así, al revés?
-Es ecid la sever. Em añartxe euq seupsed ed sotnat soña sonodnartnocne detsu on apes olriced aivadot: la sever.

2 jun. 2013

HUEVOS CAMPEROS

Una amiga del colegio de los niños me propone que le lleve un ejemplar de Médicos taxistas, escritores.
-Te lo pagaría, ¿sabes? -me promete-. Asi lo he hecho con los otros padres que me han traído sus libros.
No me extraña porque esos trapicheos son frecuentes en el colegio. Dinero para los cumpleaños, para el regalo de las profesores. Siempre estamos en eso, intercambiando monedas, mientras les pedimos a los niños que no lo hagan con sus juguetes.
Pero me abruma recibir de ella algunas monedas por este libro. Es una tontería mía, porque ejemplares tengo y las monedas nunca sobran. Pero es que ella es una persona especial y compartimos tácitamente varias cosas, sobre todo una mirada particular del patio en el que coincidimos cuidando nuestros hijos. Además, sé que ella tiene gallinas ponedoras.
-Mejor me traes unos huevos. ¿Te parece?
-¿Por qué no?
Pues hoy me los ha traído y yo le he dado un ejemplar del libro y de sólo verlos de tamaños y colores diferentes, irregulares en este mercado sosomonótono que hemos construido en occidente, de sólo verlos, estoy convencido de que en el trueque que hemos hecho el ganador tiene nombre de Slavko.
Yo conozco uno, ¿sabes?: todavía tiene la boca manchada de amarillo.