30 mar. 2014

Me gusta: narcisismo, histeria y banalidad en las redes sociales




Quizá todo comenzó con la canción de Manu Chao: "Me gustan las estrellas, me gustas tú". No me extrañaría, es tan precaria esta historia. O simplemente a partir de la facilidad y ambigüedad del gesto. Con lo difícil que antes era expresar atracción o simplemente decirlo: se temblaba, se sudaba frío, hasta finalmente balbucearlo, "me gustas". En cambio ahora sólo basta tocar una tecla o un trozo de la pantalla. A partir de entonces, una persona le puede decir a otra que le gusta, se puede gustar a sí mismo o puede decirle al mundo que le gusta el comentario sobre una tragedia, dejando a la interpretación libre si lo que te gusta es la tragedia o el comentario que se ha hecho sobre ella. Por si fuera poco no existe el no me gusta. Sólo te puede dejar de gustar algo que te ha gustado previamente. Se trata -¿lo he dicho ya?- de una forma de vida en que todos nos gustamos, en que nos tenemos que gustar, como si el gustarse fuese de antemano positivo. La red social ha sido programado para que nos gusten las cosas, buenas o malas, no para otra cosa. Antes la gente se medía por centímetros y monedas. Ahora se hace por contactos (que antes tenían mayormente una connotación negativa) y , fundamentalmente, por likes. Esos bichitos crecen, se multiplican, prometen algo que no dan. Cuestan tan poco, pero son la más viva ejemplificación de la histeria del siglo XXI. Hacen posible lo imposible: que a una persona le gusten diez, cien, mil cosas en un solo día. Es imposible. Que  a una persona le guste todo, como si estuviera en manía; que lo exprese a diestra y siniestra, como si la histeria que habita quisiera seducir constantemente, a diestra y siniestra, por delante y por detrás. 
Por si fuera poco, como sucede con las peores substancias, el like agrada y recompensa inmediatamente. Una vez consumido un like, es necesario un segundo. Lo gustado o quien lo ha posteado se siente narcisísticamente acariciado, consentido, multiplicado por cada uno de los roces que se han hecho sobre su idea o su imagen. Así se alimenta Narciso. Así aumenta su pene o crecen sus tetas. "Tengo sopotocientos likes", dice cualquiera y todos quedamos estupefactos como si fueran millones en la cuenta, que es más o menos lo mismo y no merece tampoco estupefacción, o como si fuera una idea, una sola idea realmente interesante. "Tengo sopotocientos likes", digo o pienso yo mismo -todos estamos en esto, compadre, y da grima sólo hablar en tercera persona, como hacen los jóvenes psicólogos- y puedo llegar a creer que mi idea es buena. Mentira podrida, la idea o la foto puede ser malísima, pero los likes han sido dados por razones que no tienen que ver con su calidad. Venga, vamos a inventarnos ocho, así, para salir del apuro, sin pensarlo mucho:
1) Porque es barato, porque no cuesta nada.
2) Porque es una forma de decir que yo pasé por aquí.
3) Porque así tú recuerdas que yo siempre te tengo en cuenta.
4) Porque ayer tú me diste cuatro likes y si no te devuelvo algo quedo en deuda contigo.
5) Porque no tenía nada que hacer.
6) Por error: estaba manipulando el celular y sencillamente quería agrandar la foto.
7) Por que luego el dislike puede ser ofensivo.
8) Por histeria, por una histeria que conozco, ya que estoy psicoanalizado.
Histeria y banalidad hasta ahora. Pura histeria y banalidad. Así, sólo así, se puede explicar que una estupidez como "Tengo cuatro pares de zapatos y no sé cuál ponerme" pueda acumular más likes que dedos puedan albergar los ocho zapatos en cuestión. El problema es que esos cuarenta y cuatro likes pueden satisfacer de tal forma al emisor inicial que se creerá en la obligación de repetir al día siguiente una huevonada parecida. Es el Narciso en acción y, para que no se crea que sólo estoy hablando de putas (una disgresión obscena alrededor de la duda de los zapatos) lo mismo puede decirse y hace algún profesor con los libros: "Tengo cuatro libros sobre la mesa de noche y no sé por cuál comenzar". Likes como páginas. Mil, mil quinientos likes que luego lo obligarán a revelar en un post el libro que Narciso escogió, en cuánto tiempo lo leyó (rápidamente, seguro, ¿acaso no es Narciso?) y las siete razones por las que no le gustó el libro en cuestión. Muchos más likes.
Como pienso entonces que está demostrado, narcisos, histéricos y banales podemos ser todos, incluso los que más lo nieguen, grupo en el que por cierto no me encontrarán. El asunto es que la red social vive y se multiplica (en dólares, no en likes) explotando conscientemente nuestras posibilidades, concientes o no,  de serlo.
Eso es lo que hay. Pero cada uno de nosotros puede abolirlo si quiere. Es lo que yo propongo, no usar el like de la red social. Tampoco el compartir, que es un sucedáneo imbécil. Si te gusta algo, divúlgalo como se hacía en el siglo pasado: llama a un amigo y se lo cuentas. O si eres demasiado moderno, envíale un e-mail con el link. Si no lo haces así y sigues usando el like, voy a pensar que no te ha gustado mucho este cuartiento. 

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