13 mar. 2015

Dos posibles medritores (desconocidos): el radiólogo y el inspector


Wilhelm Roentgen (1845-1923)


a I.P. y V.M., mis amigos radiólogos.
a P.D., J.A., P.C. e I.R., mis amigos inspectores.

¿Es posible ser un(a) medritor(a) sin pretenderlo? ¿Y por qué no? Una de las situaciones posibles es la del radiólogo, un especialista que a partir de virtualidades (la proyección de un rayo en una placa, en su versión primigenia) construye, crea un edificio verbal de descripciones procurando que el resultado encaje en un constructo, la enfermedad, también virtual en cuanto teórico. Desde este punto de vista, incluso se podría decir que el radiólogo es más escritor que médico porque si bien su prestigio depende de su acierto su labor se realiza con palabras escritas y una parte del acierto depende de la corrección con que éstas, las palabras, hayan sido dispuestas.
Imagino a los radiólogos del hospital en que trabajo leyendo este cuartiento y excusándose ante sus amigos, advirtiendo que ellos no pretenden ser medritores. 
-Yo no soy medritor -me va a decir J.H. la próxima vez que nos encontremos en la cola del café.
-Fundamentalmente tú -le responderé haciendo malabarismos con el café con leche y el cruasán integral-. Lo que pasa es que no los sabes. En todo caso piensa en la cara de escritor que tenía Roentgen.



Luego comentaré con él la situación del inspector médico. Le hablaré de algunos con los que he compartido escritorio como discípulo y de otros a los que eventualmente llamo para compartirla realidad del ejercicio diario de la medicina. Ellos se reúnen con el paciente, en el noventa y cinco por ciento de las veces sin ni siquiera tocarlos, y van almacenando sus informes. Luego, a los seis, a los doce o a los dieciocho meses, emiten un veredicto: dos o tres palabras que resumen un edificio verbal, un informe, que es un relato, un verdadero relato de la enfermedad.
Son, sin lugar a dudas, dos medritores: uno representa la enfermedad, el otro la cuenta y construye su desenlace.

2 comentarios:

Carlos Casillas dijo...

Efectivamente, el lenguaje y la redacción es fundamental en el informe radiológico. Es nuestra carta de presentación y, como tal, debe ser impecable, tanto en su fondo como en su forma. Debería ser un rotatorio obligado durante la residencia; en algunos servicios ya nos enseñan a perder el miedo escénico, pero no estaría nada mal repasar un "manual de estilo". Por muy bueno que sea un radiólogo técnicamente, si no lo expresa de forma adecuada en el informe escrito, no servirá para mucho. En esta etapa tecnológica hay que tener mucho cuidado con los "corta-y.pega" y con los reconocimientos de voz. Siempre hay que releer el informe, porque a veces te llevas sorpresas. Nunca me olvidaré de un informe que dicté "se observa una herniación del pulmón contralateral" y a los pocos días me llamó el médico solicitante, pidiéndome explicaciones sobre un informe mío que ponía "se observa una herniación del pulmón contra el peral" !!

Os dejo 2 artículos al respecto:

El informe radiológico: filosofía general (I)
Francisco Tardáguila, Luís Martí-Bonmatí, José Bonmatí.
Radiologia. 2004;46:195-8.

El informe radiológico: estilo y contenido (II)
Luís Martí-Bonmatí, Francisco Tardáguila, José Bonmatí.
Radiologia. 2004;46:199-202.

Saludos cordiales.

Carlos.

Slavko Zupcic dijo...

Carlos, agradezco muy mucho tu lectura y el comentario que has dejado. Cuartientos, sin posibilidad de duda, se ha enriquecido hoy con tu participación.