12 jun. 2015

Mario Vargas Llosa:un latin (and lover) writer



Como padre de familia, poco tengo que decir sobre la relación entre Mario Vargas Llosa e Isabel Preysler que los medios de comunicación comienzan a ventilar. No importa que vea fotos que retratan sus manos entrelazadas o que los periódicos desvelen el menú de su penúltima cena. Nada de eso me importa. Soy un padre de familia y, como tal, sé que todo eso es falso incluso cuando se demuestre lo contrario. Falso de toda falsedad. A pesar de que la tía Patricia haya escogido una defensa elegante, muy similar a la que usó Veronica Lario para denunciar a Berlusconi, que más que negar la evidencia pretende ocultarla. Igual es falso, no me cabe la más mínima duda. Es una tontería, es un montaje. No te preocupes, Patricia, que yo no tengo nada que ver con eso y las fotos del quincuagésimo aniversario nadie nos la quita aunque luego yo mismo aparezca en telecinco diciendo que estoy separado de ti desde hace años.
Como lector, todo eso me importa un rábano. A mí de Vargas Llosa, me interesan fundamentalmente dos libros: Pantaléon y las visitadoras y La fiesta del chivo. Después de ellos, por mí Vargas Llosa puede recibir un Nobel de Literatura, salir del armario diciendo que es gay o resucitar a la Duquesa de Alba y casarse con ella. Non me ne frega niente. No me importa un carajo. Como lector, sólo me importan sus libros, esos dos, y la alegría infinita que me dieron cuando ejecutaba con a ellos la acción más placentera de la vida, leer.
Como escritor, me importa todavía menos. Yo soy escritor desde el sufrimiento y esas tonterías no tienen nada que ver con la literatura ni con el compromiso de la creación. En los treinta años que han pasado desde la publicación de mi primer artículo en un periódico, Mario Vargas Llosa ha sido candidato a la Presidencia del Perú, se ha abrazado con José María Aznar, todos los años publica por lo menos un libro e incluso se permite actuar eventualmente junto a mi adorada Aitana Sánchez Gijon. A pesar de eso yo todos los días me he despertado con una idea de texto en la cabeza y he intentado llevarla al papel o a la pantalla, con resultados desiguales pero siempre con la firme creencia de que el editor (el que no es ni ha sido nunca escritor) es el peor enemigo del escritor.
Ahora como habitante de letras de la España actual, este affaire me tiene muy contento. No por Vargas Llosa, sino por España y por Isabel Preysler. Celebro que en un país de políticos y folclóricas en prisión, esta España cada vez más idiotizada y homogénea, narcotizada a fuerza de gin tonics, corrupción y telebasura, celebro que su viuda con más glamour haya elegido posar en la entrada de un hotel junto a un gran escritor y no al lado de un entrenador de fútbol o de un cocinero convertido en artista. Ese pequeño gesto, sin necesidad de lascivia o de caminata al juzgado, esa posibilidad que ahora tiene Lituma de coronarse en los Alpes quizá sea más importante para España que el resultado de las últimas elecciones.  Es posible que algo esté cambiando verdaderamente, que España se deje de una vez de tanta tontería y, si todo va bien, que vuelvan a transmitir las entrevistas de Camilo José Cela en un horario con audiencia.

3 comentarios:

Gilberto dijo...

Preysler de las Filipinas, Vargas del Perú, Zupcic de Venezuela, Lobato de Brasil ... Aunque dicen que lo que está en España, es de los españoles.

Algunos incluyen en el refrán incluso los instintos más profundos,

olé la Mala Leche

Un saludo desde una guardia

Slavko Zupcic dijo...

Mi gran amigo, Gilberto Lobato.

Gilberto dijo...

"T'estime molt Slavko",como me ha enseñado a decir mi mujer, en el valencià de las huertas de las orillas del final de mi río más simpático,justo antes del mar y luego de las montañas, besando la albufera, entrecruzadas de acequias y fertilizadas por centenas de generaciones de agricultores, de decenas de grandes pueblos pequeños.

En Llaurí, donde nunca soñé visitar, encontré a Laura, mi perla del Júcar.

Gracias por prestarme tu traje de buceo.