11 jul. 2016

Cazapalabras



Las palabras se las lleva el viento y el cazador de palabras sale a la calle con la misma indumentaria del cazador de mariposas. Ya que las palabras pueden ser piedras, como decía Carlo Levi, quizá debería llevar una escopeta, pero la palabra saldría herida y tampoco es la idea. Por eso sólo lleva una red y las dos orejas. Así, escucha cómo un médico le indica al paciente que se tumbe en la camilla. “¿De memoria?”, le pregunta el paciente. “Boca arriba”, insiste el médico. “De memoria, eso se dice en mi pueblo dormir de memoria”. Se entera el cazador que dormir de memoria es una expresión que se usa en algún pueblo de Teruel y que su uso encaja con una acepción de la palabra memoria, relacionada a su vez con las esculturas yacientes.

El cazador de palabras se ha estirado, ha lanzado la red de manera perfecta y ya tiene una presa en el botín. La mima, la tranquiliza. La domestica de tanto pensarla y repetirla, de tanto decírsela a los amigos. Va a todas partes con las palabras ganadas. Las lleva al bar y al trabajo. “Dormir de memoria”. Las coge con la mano y se las mete en el oído derecho. A partir de allí comienza a usarlas, a pensarlas, incluso las distorsiona. Inicialmente se acuesta en el sofá, de memoria. No está mal, piensa. Luego, se incorpora y agrega que dormir de memoria podría ser también soñar todas las noches el mismo sueño. Comenzaría con aquella casa de la infancia. “Las cosas vuelven al lugar de donde nacieron”, escribió Rómulo Gallegos en la última página de Doña Bárbara. El comenzaría a dormir soñando con  aquella casa, detenido en el rincón del jardín donde él y su hermana se entretenían jugando con las hormigas. Luego por lo menos diez minutos pensando en el patio del colegio y los paseos por la montaña. Un poco más allá, en las profundidades del sueño, pasaría por la playa y recogería algunas piedras. Visitaría finalmente el amor que conoció en la calle donde también había una farmacia y las últimas dos horas las pasaría jugando a tejer palabras y cuentos contigo. Todo de memoria, como una rutina bella apenas descubierta pero incorporada para siempre, tatuada con metales pasados en la piel de la vida. De memoria.

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