29 jul. 2016

Uno


Cuando Uno muera o deje de escribir, que es lo mismo, dirán que hay muy poco que decir, que Uno escribió cinco cuentos y empezó tres novelas, que hubo editoriales que tuvieron que cerrar luego de publicarlo, que no era precisamente un best seller, que alguna vez lo invitaron a dar una charla en Machurucuto y otra en Traiguera en medio de unos peñascos dejados caer junto a la iglesia de la Font de la Salut, que en otra publicó un cuento en la revista literaria de Zimbabwe y que Uno entonces estaba contentísimo a pesar de que él mismo había financiado la edición, que quizá era suyo el proyecto de novela sobre un fotógrafo italiano que se enamoraba de los novios y, en los álbumes de matrimonio, decapitaba a las novias, pero que nunca logró escribirle una línea. Todo eso dirán o no dirán nada, que también es probable, y por si fuera poco ya ninguna de esas cosas podría conmover o importarle a Uno. Sin embargo, la chica hermosa y despeinada que recordará que el mundo de Uno era absolutamente literario y que en la medida que envejecía iba ganando amigos y familiares para que se dejasen meter en él y se convirtiesen en lectores, escritores o personajes, esa muchacha linda tendrá razón y a Uno incluso le gustaría escucharla en vida. Quienes le conocemos sabemos que él es así y adora esos detalles nimios, periféricos, que a la mayoría de las personas parecen soberanas tonterías.

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