9 oct. 2017

El libro mujer


Quizá todos lo saben, pero yo apenas me he dado cuenta hoy y por eso lo escribo emocionado. ¡El libro es una mujer! Tanto no dormir y leer, tanto libro viviendo entre mis manos desde que decoré con mis primeras rayas El Lazarillo de Tormes de mi madre hace cuarenta y cinco años y apenas ahora es que empiezo a entender que cada libro, a pesar del artículo que suele precederle y la letra que en castellano lo cierra como palabra, no es que sea femenino, sino que es una mujer. Una mujer, lo he dicho y no lo creo todavía: una mujer.
Ya sabía yo que la literatura, la poesía, la narrativa y la ficción eran señoras. Lo entendí hace mucho y me ha parecido siempre tan obvio: por fuertes, por bellas, por dulces, por inteligentes, por decididas y firmes. Es cierto que mayormente me ayudaba la letra “a”, pero no fue solo por eso. Muchas veces las vi reunidas trabajando o compartiendo el té, celebrando e incluso enfadadas. Una vez las espié mientras rezaban el rosario y otras saliendo de copas. Solo señoras podían ser. A una de ellas se lo pregunté directamente hace casi treinta años. ”¿Y tú qué crees?”, me repreguntó. “Pues señoras, ¿no?”. “Hombre, ¿y qué otra cosa podemos ser?”.
Pero el libro me tenía engañado. No sólo por el asunto del artículo y la letra final. También por las líneas. Todas rectas, cada una más que la otra: desde las que componen el párrafo hasta las que enmarcan cada página y cortan la portada. Por eso me confíe. En la adolescencia le conté mis cuitas, lo hice partícipe de mis dudas y dificultades. Más de una vez me fui de fiesta con él y hablamos entre amigos. Incluso le conté de las mujeres que me gustaban.  Es que éramos amigos, caramba.
Con el tiempo yo fui cambiando y también mi percepción de él. Por eso no me extrañó cuando empezó a decirme cosas diferentes cada vez que lo abría, incluso si se trataba de la misma página. Tampoco cuando se hacía el misterioso y no lo comprendía. Ni siquiera cuando me transmitía mensajes que aparentemente nada tenían que ver con lo que yo estaba pensando, cuando se adueñaba de mis tardes o fines de semana o cuando empecé a viajar e incluso comer siguiendo sus indicaciones.

Han pasado los años y me estoy haciendo mayor. Quizá es por eso que he podido darme cuenta y no me avergüenzo de compartir mi biográfica ignorancia y mi actual descubrimiento: Querido lector, no tengas miedo o comienza a tenerlo, ¡el libro es una mujer!

2 comentarios:

MARINA dijo...

Me encanta tu sensibilidad, tu fuerza y esa manera tan natural de compartir tu sentir.

Slavko Zupcic dijo...

Gracias, Marina. La sensibilidad que compartimos. Un abrazo.