2 jun. 2012

DEFENDIENDO A BUFFON




a Giuliana Mitidieri, perché anche il calcio le piace

Se escandalizan los tifosi porque el gigante Gianluigi, después de haber defendido la honestidad de los jugadores italianos, ha sido retratado enviándole dos millones de dólares al propietario de un gárito. Ya Monti, el presidente de los impuestos y la abolición del bunga bunga, había hablado de la posibilidad de suspender el campeonato italiano. Eso fue lo que hizo saltar a Buffon, mucho más rápido de reflejos que en los últimos partidos con la Juve en los que se jugó la copa varias veces fingiendo caídas y traspiés. "Somos honestos", dijo varias veces, desautorizando al anciano tecnócrata. Ahora aparece hundido en la masa hasta los hombros y su propio seleccionador habla de la posibilidad de que Italia se retire de la Eurocopa. Los tifosi reaccionan en masa porque se toman el asunto en serio. Buffon scherza (bufonea) y dice que él puede gastarse su dinero en lo que le dé la gana. Tiene razón, pero los tifosi (jueces, fiscales y policías incluidos) le reclaman que lo haya hecho apostando, quizás contra su propio equipo.
Realmente no termino de entender lo que pasa. ¿Por qué se escandalizan? ¿Por qué esta Europa que Novalis pretendía cristiana se toma tan en serio el deporte de los millonarios que renuncian a jugar con las manos y le dan patadas a una esfera de material sintético?  ¿Acaso tiene sentido hablar de ética en un asunto que -al igual que la prostitución, el circo y tantas otras cosas- nació para divertir, para`permitir que el tiempo pasase y disminuir el número de bostezos por minuto? Peor todavía, ¿de dónde surge la pretensión de pedir lecciones de ética a unos individuos que han sido apartados desde temprana edad de la escuela y de sus familias, que son mayormente analfabetos y que nunca han sido ilustrados con una noción de ella?
Por eso es que yo defiendo a Gianluigi Buffon. Es absolutamente inocente. Es un futbolista y, como tal, es un jugador: del balón, de naipes, de cartas o de cuanta virguería inventen los garitos. Seguramente envió sus ahorros de un mes al propietario del gárito y eso no tiene nada de particular. Pecado hubiera sido si lo hubiese hecho Claudio Magris o Umberto Eco. Éstos no son jugadores y han ido a la escuela, no sólo como alumnos sino también profesores.
Obviamente aquí si hay un culpable es esa entelequia que los medios llaman sociedad para no asumir la primera persona del plural. Los culpables somos nosotros, pero mucho más aquéllos entre nososros que han pretendido ver en el asunto algo más que un juego y le han dado realce a las figuras, acciones e incluso palabras de estos niñatos tramposos e iletrados, ágiles, bandidos e inocentes, que viajan por el mundo empujando balones, intentando engañar a árbitros y expectadores. jugando su asunto, sudando y, obviamente, apostando, perdiendo y ganando, vincendo.

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