3 nov. 2013

Otro encuentro feliz en la medritura


La medritura es un oficio que se ejerce con el conocimiento, la experiencia, los sentidos, la imaginación pero, clave, para su ejercicio es fundamental haber estado frente a un paciente.
 
Así como no hay escritura sin texto ni crimen sin cadáver, no puede haber medritura sin paciente. Independientemente de que uno de los resultados de su ejercicio sea un texto, la medritura no se construye a partir de él, sino a partir del paciente.

El encuentro entre el medritor y su paciente podría ser abordado desde la perpectiva que la tradición médica conoce como relación médico-paciente: el paciente acude a la consulta solicitando un servicio que el medritor presta gracias a su saber entablando ambos una relación en la que cada uno tiene haberes y deberes.

O desde la transferencia-contratransferencia freudiana. Al paciente le son transferidos parte de los haberes del medritor y el medritor ha de valorar lo que el paciente hace que evoque.
 
Si el psicoanálisis considera que para la valoración y uso adecuado de la contratransferencia es necesario el análisis previo del psicoanalista, en el caso del medritor es necesaria la escritura.

El medritor no ha de ser neutral, como se le solicita en ocasiones al analista. Lo que el análisis llama neutralidad terapeútica, en la medritura significa la posesión de dos apendices auriculares (dos orejas) que siempre juegan a favor del paciente y permiten que éste se revele y desvele en la consulta como persona.

He aquí una diferencia fundamental. La medritura no encuentra pacientes, encuentra personas. Y las personas pueden tener un problema médico, pero tienen también un oficio, aficiones, anécdotas.

Todos los pacientes son personas, pero también es cierto que en ocasiones no todos están, no tienen por qué estar dispuestos a ser hurgados como tales. De la misma forma en que a un paciente en coma no se le puede pedir que interrelacione con su entorno, a un paciente que sólo pretende del médico la solución de un problema (una herida en el dorso de la mano por ejemplo) y que no está dispuesto a otra cosa no se le puede pedir que sea un paciente de la medritura.

Un encuentro interesante es el del medritor con el lletraferit. Cabría suponer que es el encuentro más feliz de la medritura, pero no necesariamente tiene por qué serlo. El lletraferit puede ser una persona complicada y suele ser quien en la consulta del medritor al menos inicialmente resulta más arisco, menos propenso a revelarse como persona, mucho más como lletraferit. Suele haber, sin embargo, un instante en que la mirada de ambos es atravesada por un puente de reconocimiento o complicidad. "Me equivoco o tú eres un medritor", ésa puede ser la idea que atraviesa el pensamiento del lletraferit. A partir de allí es posible que alguno de los dos se le escape una referencia literaria y que, si el encuentro se repite, se desvelen el uno ante el otro con sus verdaderos intereses.

Conozco el caso de un médico que es medritor sin saberlo y, una vez que encontró un paciente lletraferit, terminó escribiendo con éste una novela.

Pero mayormente todo paciente significa un encuentro feliz para el medritor porque es una ventana a través de la cual contempla el mundo y la vida.

Mi encuentro más feliz de esta semana sucedió con un empresario que terminó la consulta regalándome una máxima:
-El dinero no es importante para tenerlo. Es tan solo importante para no necesitarlo.
 
En principio, para la medritura todo paciente es, puede ser, un encuentro feliz.

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