5 jul. 2014

Cuartientos veredes


1. Admítase que hay partidos de fútbol divertidos y que ciertos jugadores, eventualmente, construyen sobre la hierba dibujos (por jugadas) deliciosos. Se admite. Pero de allí a convertir el fútbol en un nuevo orden mundial en que los jugadores y su público se preparan con ánimo bélico, animados por políticos y artistas, admirados por niños y jóvenes, hay una clara y exagerada diferencia. Eso es terrible, pero no es de muy lejos lo peor. Da la impresión que el planeta todo es gobernado por los caprichos de un hombre, un hombre solo, del que poco o muy poco conocemos a excepción de alguna fechoría. No es Obama, tampoco el Papa Francisco, Putin o el extinto Bin Laden. Se trata de Josep Blatter y sólo mencionarlo da grima.

2. Ciertos vecinos han elegido el camino del fondo para que defequen sus perros, Al menos dos o tres kilos de heces fecales son depositados diariamente allí, junto al jardín de un hombre taciturno, de quien nadie hasta ahora podía referir la tesitura de su voz. Hace dos semanas, cansado de tanto perro, distribuyó entre los vecinos hojas que tenían  impresa una sola palabra aunque con letras muy grandes: "RECÓGELA". Como su intervención no fue entendida o, si lo fue, no surtió efecto, hace una semana comenzó a amontonar en el inicio del recorrido una mezcla de heces fecales y pegamento. Todos los días los recoge y los coloca sobre el trabajo de días anteriores. La figura ya tiene por lo menos un metro y, más que un perro, parece un hombre. Me le he acercado y, dando por obvio que se trata de una escultura, le he preguntado por el título. "Recógela". Esa fue su respuesta. Apenas.

3. La belleza ahora multiplicada de las mujeres de mi infancia. No puedo evitarlo. Veo las fotos actuales de las mujeres que conocí en el siglo pasado y me detengo, no puedo hacer otra cosa, en sus ojos, su sonrisa y su pecho. Algunas incluyen incluso cintura y piernas. También las veo. Encantado frente a ellas, contemplo la multiplicación de una belleza que cabalga inevitablemente entre los cuarenta y los cincuenta años. Imagino que si las tuviera frente a mí, escucharía sus discursos o recibiría sus libros, pero a través de Internet, vulgar usuario de facebook, no puedo hacer otra cosa que ver sus fotos y comprobar mayormente que en ellas la maravilla ha crecido, se ha multiplicado, que sus labios y sus pechos se han enriquecido con el tiempo y seguramente el quirófano. Lo advierto públicamente y mi hijo me pregunta qué veo de extraño en ello.
-Realmente nada. Es que si las hubiera visto así de bellas hace treinta o veinticinco años, nunca habría publicado ni siquiera un libro.
-¿Por qué?- Alessandro tiene diez años y, se ve, le gusta el asunto de pedir explicaciones.
-Porque me habría dedicado a contemplar su belleza todo el tiempo.

4. La familia organiza una fiesta entre primos desde hace tres generaciones. Cada vez hay menos interés pero, como las mujeres han parido tanto, también este año somos más.



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