11 ago. 2014

Rodríguez (estar de)

En el salesiano colegio en que transcurrió mi infancia tenía, uno detrás de otro y ordenados alfabéticamente por el segundo apellido, once compañeros de apellido Rodríguez. De treinta o cuarenta que éramos, once eran Rodríguez. Incluso había dos que repetían: Rodríguez Rodríguez. Supe entonces desde pequeño que Rodríguez era un apellido común y alguna vez se lo dije a uno de los repetidores, JF Rodríguez Rodríguez, que era mi amigo.
-Y Zupcic seguramente será común en el país de tu padre -se limitó a responder éste mientras Viñas García, que con los años participaría en un golpe de estado, estaría exiliado en Perú y después dirigiría el principal aeropuerto venezolano, intentaba mediar entre nosotros, para evitar que la sangre no llegara al río.
De la España que habito siempre me intrigó que el Rodríguez, el estar de Rodríguez, significase estar solo en casa, sin la mujer y los niños. Mucho más en la última semana, que han aparecido dos artículos sobre el tema, el último de ellos escrito por el admirado Fernando Iwasaki en la revista dominical de El País. Ambos atribuyen el origen de la expresión a una película  más bien discreta de José Luis López Vásquez, El cálido verano del señor Rodríguez (1965) y se maravillan de que a pesar del escaso éxito de la película la expresión haya calado tanto y permanezcan su recuerdo y uso todavía.
No es extraño que ahora los escritores escriban o escribamos sobre el asunto. Es verano y, en el Mediterráneo, con la canícula, mujeres y niños abandonan las ciudades, se van al campo, a la playa o sencillamente a los lugares de origen, dejando a los hombres trabajando y cuidando las casas.
Cada quien hablará por su experiencia y según la mía la circunstancia es especialmente infeliz. Estar de Rodríguez significa en primer lugar un mal comer porque a pesar de la experiencia que se tenga entre fogones y sartenes no es lo mismo cocinar para seis o cuatro toda la vida que hacerlo durante una o dos semanas para una sola y por si fuera poco primera persona. Significa también lavar a mano los calzoncillos porque da la impresión que no tiene sentido llenar una lavadora con ellos a pesar del tamaño que han ido ganando con el tiempo.O que, dueños absolutos del televisor, en la tonta pantalla no hay nada digno de ver y en caso de cansancio se terminará viendo los programas que por idiotas normalmente se les prohibe a los niños.
El agravante radica en que todo el mundo presume que quien está de Rodríguez está feliz y cuando lo encuentran, en la calle o en el hospital, le dedican una sonrisa pícara:
-Así que estás de Rodríguez, ¿no?
-Pues sí, de Rodríguez. No me puedo quejar.
La capciosidad implícita en pregunta y respuesta obedece al verdadero origen de la expresión que obviamente no es la película de López Vasquéz aunque ésta recoge en parte su picaresca.
-La expresión se debe -me comentó hace años un querido y experimentado compañero de profesión - a que antes cuando los maridos se quedaban solos en casa aprovechaban el tiempo yendo a los lugares de mal vivir y, si las chicas les preguntaban el nombre, para no ser recordados ni identificados, decían el apellido más común, el primero que se les venía a la cabeza y que, obviamente, no coincidía con el propio: Rodríguez.
De allí viene la expresión, el estar de Rodríguez, ya que así estaban los machos de verano en el siglo pasado: bailando, bebiendo y acariciando. En este siglo más cruel, los Rodríguez seguimos existiendo y en verano todavía metemos mano, en la cocina y en la lavadora, pero mano siempre.



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