19 nov. 2015

El imbécil que leía a Pierre Vilar




Se sentó frente a mí en el tren abrazado a la Historia de España. Entre cuarenta y cincuenta años, maltratado, le deben haber dado desde hace poco unas horas en la universidad. En una edición vieja, subrayaba con un bolígrafo barato como quien lo ha leído hace mucho pero ha de enseñarlo en treinta minutos a unos alumnos a los que no respeta demasiado.Yo leía el periódico, el impreso, mientras esperaba en el móvil un mensaje de Méndez Guédez. De repente el aprendiz de profesor movió las piernas, alzó las botas y las colocó a mi lado, donde ya tenía su maletín. Protegía el asiento, es verdad, pero no le importaba ofrecerme la parte más distal de su cuerpo. Igual podía haberme ofrecido el culo, el muy patán. Fue un gesto iluminador de su parte: hay gente (mucha) a la que le da igual el culo que la cabeza y los pies porque en estos días fundamentalmente se carece de distancia.

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