2 nov. 2017

No liarás cigarrillos en esta consulta



(fotografía de Begoña Andrés Peinado)

En principio ninguna consulta es baladí, pero esta lo era. En todo caso el motivo de consulta, el diagnóstico y la solución aportada no forman parte de este cuartiento, que está dedicado al hombre que acompañaba a la paciente. Tenía melena, unos cuarenta y cinco años y más que despreocupado parecía indolente. Lo vi de soslayo mientras me presentaba e indagaba sobre el motivo de consulta. El hombre nos escuchaba y de repente sacó una bolsa de tela de uno de los bolsillos de la chaqueta. Sin apoyar manos ni codos sobre el escritorio que nos separaba, como si la cosa no fuera con él (que en efecto no era), comenzó a liar un cigarrillo. Realmente la palabra cigarrillo le viene escasa, apretada como la americana de un primo delgado. Era mucho más gordo. Quizá por el entorno, por lo inaudito de su gesto, el cilindro que sus manos gestaban más bien parecía un torpedo. "Pero, ¿qué hace?", lo increpé, como si hubiera sorprendido a un vecino metiendo un dedo en mi tarro de Nutella. "No se preocupe que no lo pienso fumar aquí", dijo el hombre sin inmutarse. "Faltaría más", intervino la hasta entonces dulce enfermera. A partir de ese momento el mundo (¿la consulta?) pareció detenerse. La paciente, la enfermera y yo casi ni respirábamos o si lo hacíamos lo hacíamos de forma tan superficial que el fotógrafo no consideró necesario decirnos nada. El único movimiento que se percibía era el de las manos del hombre que continuaba masajeando el cilindro. Obviamente, ese pudo ser el momento de mayor provecho para este cuartiento.  Pude haberme dedicado a observarle: así él finalmente se habría dado cuenta y quizá habría guardado la herramienta. Pude también comenzar a dialogar con él, preguntarle si quería transmitirme algún mensaje o qué haría él si le hubiese tocado en suerte estar en mi lugar. Esta segunda posibilidad todavía me parece la más interesante porque por indolente que el sujeto fuese o pareciese a estas alturas tengo claro que quizá en la vida puede haber casualidad pero dentro de la consulta nunca y todos los gestos que suceden en su interior son calculados o fruto del estudio. Pero no, torpe hombre del siglo XX, me decanté por la solución más ortodoxa: me alcé de la silla y le pedí que saliera inmediatamente de la consulta. "Eres un imbécil, Paco", le gritó la mujer mientras lo veía salir. "¿A quién se le ocurre liar un cigarrillo en la consulta del médico?". 

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