22 may. 2018

Belleza interna


Como si se tratase de un dinosaurio o una cabina telefónica, pregunto a amigos y conocidos por la belleza interna. ¿Qué pasó con ella? ¿A dónde fue a parar? ¿Quién la ha visto últimamente?

Pocos me responden y quienes lo hacen seguro preferirían salir en la tele hablando de esta primavera como la más rara que nunca han visto.

Se refieren a ella en pasado como una cosa que hombres y mujeres llevaban dentro. Era una mezcla de ideales y sentimientos, principios y valores. Usan para describirla palabras tan anacrónicas como la palabra anacrónica.

Una anciana, en la plaza, consciente del peligro actual de hablar de los humanos, le quita pensamiento a la expresión y me habla de alimentos: “Es como la fruta que crece en el campo; no es bonita como la del super, pero por dentro está buena”. La entiendo porque alguna vez escribí un artículo en el mismo tono sobre la novela.

Continúo indagando y descubro con alivio que la belleza interna no ha muerto: existe todavía aunque ha cambiado de traje. La encuentro, cómo no, en el tren y luego en el gimnasio. Ya no se trata de ideales y sentimientos: ¿qué es eso? Ahora la belleza interna se expresa en números, responde a protocolos y escalas y se mide en unidades.

Son bellos por dentro ahora los seres humanos que se cuidan. Por eso su belleza se expresa en los kilómetros que corren, las calorías que consumen y eliminan, en los miligramos por decilitro de su colesterol.

No voy a ser yo quien se ponga nostálgico por este cambio. Mucho menos cuando he encontrado algo que creía perdido y puedo constatar que, igual que antes, continúa contribuyendo a su expresión más superficial, la belleza del afuera.

Tan solo me permito una pregunta relacionada, ¿por qué no?, con la literatura. A partir de este cambio, ¿cómo se escribirían ahora los libros santos, los clásicos e incluso la novela maravillosa del siglo XIX? 

Ayúdame tú, lector, a responderme o no me ayudes ya que creo tener la respuesta. Tienes toda la razón, la pregunta es innecesaria, anacrónica e injusta. Carece de respuesta  porque ninguno de esos libros podría ser escrito nuevamente, mucho menos en la actualidad.







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