9 sep. 2011

MÉDICOS FRUSTRADOS

No sé por qué hay tanto médico frustrado, pero los hay. Será consecuencia de las dificultades de acceso a la carrera, de lo larga y exigente que ésta es o de que su saber reviste y contiene algo, el cuerpo, que cada uno de nosotros posee y cree conocer muy bien. El caso más obvio de médico frustrado es la enfermera que quiso ser médico, pero se equivocó a la hora de matricularse en la universidad y se metió en la cola de enfermería. Primer modelo de médico frustrado: a partir de su primer empleo pretenderá siempre saber más que el médico, hablar más complicado que el médico, adoctrinar y/o sabotear al médico con el que trabaja.
Otro modelo es el cuidador informal: alguna vez pretendió estudiar medicina o quizás no, pero de tanto cuidar a su pariente cree que lo sabe todo sobre la enfermedad y cada vez que se encuentra frente a un médico (especialmente si se trata de un especimen joven) intenta apabullarlo con su saber y su maltrato. El paciente también puede ser un médico frustrado e incluso el mismo médico: este último en la fase formativa y al final de la carrera fundamentalmente. De estos últimos recuerdo un oftalmólogo que justificaba su desidia en la convicción, adquirida al terminar la universidad, de que nunca ganaría el Nobel de medicina.


Esta taxonomía, en los apartados de cuidador y de paciente, tiene una sub-clasificación de acuerdo al sexo, edad, condición social y profesión del médico frustrado. En este caso, intentaremos desglosar qué sucede cuando el médico frustrado es presidente de una república caribeña. Iremos poco a poco. En primer lugar, hará de la salud una de los pilares de su programa de gobierno, pero esa situación no es patonogmónica porque eso hacen casi todos los presidentes caribeños. Más todavía, en caso de enfermedad, no se conformará con que un simple médico le comunique el diagnóstico. No, no. Tiene que ser una figura de importancia histórica, de talla mundial: Fidel Castro, el Dalai Lama o Mike Tyson, por ejemplo. Obviamente, ninguno de ellos es médico, pero un médico frustrado, si es presidente de un país caribeño querrá que sean ellos y no un simple licenciado en medicina, especialista o muy doctor que sea, quien le comunique la razón diagnóstica de su padecimiento. El personaje hablará como si fuera un médico y el médico frustrado lo escuchará como si fuera un paciente. Inicialmente habrá secretismo sobre su enfermedad, no por médico frustrado, sino por presidente caribeño, pero luego -ahora sí por médico frustrado- bombardeará los medios de comunicación con un inmejorable repertorio de la jerga médica: es así como palabras como salud, enfermedad, prevención, células, biopsia, peritoneo y metástasis inundarán sus discurso y éste las televisiones y radios de su país. Dirá mucho, pero no dirá nada: es un médico frustrado casi perfecto. Por si fuera poco, convertirá sus entradas y salidas hospitalarias en asunto de estado. Normalmente un paciente elige para ciertos tratamientos la discreción, pero un médico frustrado prefiere el bombo y el platillo. Recuerdo un amigo que sin ser presidente aceptó que su mujer pariera frente a las cámaras de la televisión italiana. Era, sin lugar a dudas, un médico frustrado. El otro, el presidente caribeño, cada vez que deba aplicarse una sesión de tratamiento (diálisis, quimioterapia o lo que sea) convocará las cámaras y partirá en avíon, con zafarrancho de trompeta. A la hora del alta hospitalaria lo mismo: un aeropuerto como puerta hospitalaria y no un simple avión., una caravana de aviones . Médico frustrado, no se aceptará paciente y, frente a las cámaras, cantará, enamorará, parloteará y dirá que se encuentra bien, en inmejorables condiciones, que la enfermedad es un asunto de nada y que aunque ha viajado en un avión-ambulancia simplemente se trataba de una inyección que se hubiera podido administrar en el bar de la esquina. Peor todavía, entre sesiones este médico frustrado intentará aleccionar a sus ministros sobre prevención y vida saludable. No es una mala idea, pero él no lo hará en privado, sino pública y televisivamente, para que todo el mundo se dé cuenta de que todo lo que él sabe, de la facilidad con que lo ha aprendido: en fin, de que él es mucho más que un presidente, muchísimo más. Por eso podrá permitirse sesiones de ejercicio ante las cámaras, parrafadas dietéticas, discursos contra el tábaco y el alcohol. Los ministros sonreirán desde el principio o no sabrán qué hacer, por lo que volverán a sonreir. Incluso harán ejercicio con él frente a todo el país: moviendo las piernas, las rodillas, trotando mientras el médico frustrado habla de millones de dólares y de leucocitos. Lo último ya será administrarse públicamente el tratamiento. Una pastilla vía oral y que todo el país la vea. Una inyección intramuscular, en el biceps claro. O en cualquier parte que aunque no está descrito un médico frustrado si es presidente de un país caribeño puede también administrarse un enema frente a sus electores, un enema gigante.
Cuando eso suceda, que sucederá pronto, volveremos a leer el Fausto de Goethe: refiriéndose al médico decía "no quisiera tal vida un perro". Es una verdad absoluta y, aunque no es así en el planteamiento original, el de Goethe, seguramente ahora ese desdén estaría relacionado con las noches sin domir, la presión asistencial, las secreciones y la batalla mayormente perdida frente a la muerte. Pues aunque parezca imposible la vida del médico frustrado es mucho peor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hay enfermeros que tratan mal y que se creen doctores, pero hay otros que no son asi que son buenas personas y acompañan al medico total los dos tienen la misma mision de ayudar aal paciente... asi que no juntes a todos en una bolsa de papas jeje :) ... asi como tambien hay medicos que se le suben los humos ... como tambien hay otros medicos que son buenas personas tienen la vocacion de ayudar y tratar bien.. YO CREO QUE EL PROBLEMA SERIA LA GENTE QUE NO TIENE VOCACION DE AYUDAR A LOS DEMAS, que se le suben los humos... todo depende de la calidad de persona.