25 feb. 2012

LA QUINTA ENFERMEDAD

No está mal que las enfermedades tengan número y esa aparente simplificación, evidenciable en las tablas nosológicas al estilo CIE 10, es la clave de la universalización de criterios diagnósticos y uno de los motores de la epidemiología.
Sin embargo, resulta inexplicable que una patología pueda llamarse la quinta enfermedad, como si se tratara de la quinta columna, la quinta rueda, la quinta república o la última de las cinco patas del gato. Obviamente esto escribo porque hay una, el estúpido eritema infeccioso, causada por el parvovirus B19. Es la quinta enfermedad, una enfermedad de origen vírico y recuperación rápida que inicialmente cursa con una erupción en las mejillas del niño, que en otros tiempos, cuando ciertos rutinas eran permitidas, fue conocida como la enfermedad de la bofetada.
En este caso la ordenación no obedece a la CIE, sino a un elenco de las enfermedades eruptivas de la infancia. Pero no es un elenco del todo justo y no siempre la quinta está después de la cuarta. Se podría pensar en un gato todavía con más patas, en un país con más repúblicas, en un ejercito con más soldados. Pues sí, es absolutamente posible. De hecho lo que en España es la quinta enfermedad, según del criterio del pediatra tratante, en Italia podría ser la sesta malattia.
Esta perorata parvoviriana tiene que ver con que la quinta enfermedad ha atacado en masa a los niños de la clase de mi hija. A las cuatro de la tarde, todos salen rojitos corriendo a saludar a sus padres. Hay quien no se ha hado cuenta y piensa que el niño ha llevado mucho sol. Otros sospechan que han exagerado con las cremas o que no les han puesto protección solar. Otros recuerdan las bofetadas recibidas y el más despistado piensa que su hijo es el más sano del colegio y que por ello sus mejillas sonrojadas saludan al mundo.
Los niños en todo caso van felices y, como a pesar del último cuartiento, está de moda pintar corazones, los pintan con las mejillas coloradas, como si el eritema infeccioso pudiera también instalarse en el pericardio.
No acabará allí este cuartiento, porque el asunto es que la quinta enfermedad, el estúpido parvovirus también puede afectar a los adultos. Aunque es un poco raro, eventualmente los ataca. Las prefiere mujeres y el hijodelagrandísima puta se ha fijado en mi parte femenina, que debo tenerla y me siento satisfecho de ella, y me ha atacado completamente. Mis mejillas no enrojecieron, porque no es ésa la manifestación preferida en estas edades, pero mis manos se hincharon y así todas mis articulaciones. El dolor producido pareció por un momento que cambiaría mi vida e incluso llegué a temer por ella. Nuevamente la teoría ha tenido la razón y no era para tanto. De hecho los síntomas están desapareciendo, igualito que los dinosaurios. Me quedan de esta experiencia dos cosas para compartir con ustedes. La primera, que los corazones con la quinta enfermedad son más bonitos que sin ella. La segunda, que no moriré de una enfermedad infantil. Claro, ya tengo 41 años.

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