29 dic. 2013

As-salaam alaykum


Del día en que me tocó por suerte entrevistar a Joan Brossa (1919-1998), una de las cosas que más y mejor recuerdo es la referencia que hizo a Leopoldo Fregolí (1867-1936), el transformista italiano que da nombre al síndrome de Fregoli, y que él mismo -estoy hablando de Brossa- de haber sido transformista, para diferenciarse del artista admirado, se habría hecho llamar Fregoli-no.



Eso fue en el siglo pasado y yo en éste uso su treta para escaparme de los pacientes que pretenden asignarme gentilicio.
-¿Es usted cubano?
-Cuba-no
-¿Dominicano?
-Dominica-no.
Su inquietud es sana, pero no siempre es posible ni intuitivamente conveniente (por lo de la neutralidad terapéutica quizá) una respuesta. Mucho menos una explicación detallada:
-Yo nací en tal parte. Mi padre era de aquella otra. Mis abuelos de allá. Pero atravieso las aduanas con un pasaporte que poco tiene que ver con los lugares que he nombrado.




En los últimos años -por la barba, por los años, porque al menos dos veces al día voy a la estación de trenes o por Mohammed, mi barbero- me abordan en la calle o en la estación hombres y mujeres que podrían ser del Magreb, quizá de Marruecos.
-As-salaam alaykum- me saludan antes de hacerme en árabe un planteamiento que no comprendo.
Es una situación difícil de la que sólo puedo escapar gracias a Joan Brossa:
-Marroquí no -les digo y para que no quede ninguna duda muevo el dedo índice de la mano derecha de uno a otro lado. -As-salaam alaykum.

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