13 dic. 2014

Final de guardia


A las cinco de la madrugada, mientras el frío y la lluvia no dejan salir a los pacientes de sus casas, un médico y dos enfermeras leen poemas de William Carlos Williams en las urgencias del hospital.
-El también era médico, ¿sabes? -le dice la enfermera más joven al galeno.
-Es que yo nunca he podido entender la poesía -responde él.
-No es cuestión de entender. Para eso ya tendrás tiempo -le dice ella convencida y empieza a leer en voz alta, invitándolos a que sigan el poema en la pantalla del ordenador.
Treinta minutos antes, esa misma pantalla permitió la lectura de un diagnóstico feroz. Y al inicio de la guardia registró dos electros planos. Ahora aparece en ella una mujer joven y alta, sin sombrero, que examina el interior de una zapatilla, intentando sacar el clavo que la lastimaba.
La enfermera continúa leyendo y el médico le pide ahora leer juntos el poema de la parturienta..
La otra enfermera, abstraída, piensa que en este hospital también hay parturientas. Hay incluso enfermas mortales, embriones que se pierden, fetos que comienzan a llorar. Alguna carretilla seguro habrá en la última planta y, en el patio psiquiátrico, cada cierto tiempo un casco de botella verde se convierte en alucinación con percepto.
Así han pasado por lo menos cinco minutos. Los tres parecen detenidos en el interior de un poema de William Carlos Williams. Gracias a él se sienten más humanos y los ojos del médico, hasta ahora imperturbables, dejan ver las durezas de la guardia. Igual ninguno quita la atención de la pantalla. No se dan cuenta que la lluvia ha amainado y los despierta el anuncio de una visita pendiente. 
Ha terminado la tregua, ya comienzan a llegar los pacientes. Pero el médico ahora sabe que no es necesario entender la poesía..

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