16 sep. 2015

El periojano: ¿periodista o cirujano?


La voz iluminada de Susan Sontag la refería como metáfora, pero sin lugar a dudas en una época mucho más concreta, donde se pretende crear morbo incluso de la nada, para algunos periojanos la enfermedad es espectáculo aunque para el paciente no puede significar otra cosa que sufrimiento. Consideran que el público necesita leer cómo corre la sangre, si no puede ser del toro que sea del torero, y es necesario dársela a través del verbo estreñido de un cirujano y por lo menos dos periodistas. 
Ayer, en Salamanca,  un torero fue corneado, terriblemente corneado. Y hoy el informe quirúrgico ha sido publicado con puntos, acentos y comas por el crítico taurino de El País. No nombraré al torero aunque no fue mi paciente, pero sí al crítico que ha aplicado al asunto una transparencia más propia para declaraciones fiscales de políticos que para entrañas de persona, torero o no. Se llama Antonio Lorca. En la reseña que hoy publica reproduce la nota quirúrgica. Allí se describe lentamente el paso del asta y la forma en que tras el destrozo el bisturí intenta limitar el daño. No me disgusta la prosa técnica del cirujano convertido hoy en periojano, gracias a la abundancia de datos y a la rapidez con que sus palabras han llegado a la prensa y a través de ésta a los lectores. Cuestiono, sí, la publicación íntegra de una página de la historia clínica del paciente. Allí ya se derribo una barrera protegida incluso por la ley. Pero además, al menos un periodista y un editor, ¿periojanos también?, aprobaron su publicación. El primero y los segundos creen y quieren hacernos creer que los lectores necesitamos detalles de la intervención y ponen ante los ojos de todos el "punto de Mac-Burne", "el drenaje de Penrose" y la técnica de Friedrich, además del peritoneo del paciente. 
Por si fuera poco, en un apartado que nada tiene que ver con la cornada ya que se trata de una situación congénita el cirujano hoy convertido en periojano refiere que ha encontrado hurgando en las tripas del torero un "Divertículo de Meckel". El primer periojano lo escribe y los segundos, los del periódico, lo publican. Es un resto de la unión umbilical del torero con su madre y ahora todos sabemos que el torero lo tiene. ¿Y si en lugar de divertículo el periojano salmantino hubiera encontrado plexos hemorroidales trombosados también nos lo habrían dado a conocer? Obviamente no daré ningún diagnóstico porque me estaría contradiciendo. Sólo me permito decir que, periojanos o no, cirujano y periodistas, hoy se han pasado cuatro pueblos y deberían hacérselo mirar.

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