17 may. 2016

Pescabro de quien espera




En la venta de pescabros, escogí uno. No tenía escamas ni caratula. Intuí que era un pescabro, pero he de reconocer que parecía una agenda. Fui a pagar y mientras la cajera apuntaba la referencia, me atreví a decírselo.
"Mitad libro, mitad pescado".
Sus manos con olor, con inevitable olor, me devolvieron el engendro.
En su mirada, creí leer una pregunta: "¿Será éste el hombre que dice que yo soy una pescabrera?"
No intenté responderle. Salí del local y, ya en la calle, en lugar de meter el libro en la mochila nueva, lo abrí al azar. 
No era una agenda, sino más bien un cuaderno de anotaciones. 
En la página abierta junto al Parque Ribalta había un poema, "Pescabro de quien espera":

Quien espera
se activa
cuando recibe 
el mensaje
señalado

No se despereza
ni se mueve lentamente
sino que
todo lo contrario
corre y se desboca
como si todo lo esperado
formase parte de la carrera

Por eso parece que ama más
que corre más
que vive más 
rápido.

Pero simplemente ama cuanto soñaba durante la espera

Corre con la perfección que había planificado
cada gesto cada movimiento
durante tantos años de amor
Infinito y secreto.

Cuando terminé de leerlo, era yo quien parecía un pescabro. Por eso fui a cortarme el pelo en la barbería de Mohamed Jabri, el mejor barbero de Castellón


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