9 abr. 2011

Albacete





Hasta el día de ayer nadie había pronunciado la palabra Albacete en esta casa. Ni por bueno ni por malo. Sencillamente porque no había sido necesario y porque en principio no había ningún vínculo con ese lugar del mundo, aunque ahora que lo pienso el gran Benito Picazo, que ahora cura los huesos de Gandía, en alguna ocasión me habló de su infancia albacetense y me describió un paisaje vecino a Alcalá del Júcar.

El asunto es que ayer estábamos los cuatro en casa haciendo una colección pedicular. Eso, la colección pedicular, es jugar a poner los pies de cada uno, ocho en un total de cuatro bípedos, sobre el mismo reposapies mientras vemos el partido de fútbol.

Dos son las cosas en que esposible reflexionar al respecto. la primera tiene que ver con el espacio: las casas pueden ser grandes o pequeñas pero siempre luchamos por apretujarnos en espacios imposibles. La segunda se pregunta por el fútbol. ¿Por qué el fútbol? Pues porque te distrae y te permite hablar, no de fútbol, que eso es para futbolistas y aficcionados, sino de otras cosas.

En eso estábamos, hablando de otras cosas, cuando Giuliana mencionó la posibilidad irreal (en este momento no tenemos dinero para pagarlo) de un viaje a Sidney, en Australia.

Alessandro en seguida le replicó:

-No, a Sidney no. Yo quiero ir a Nueva York.

Yo, Slavko, siempre en el plano de las irrealidades, voté por DF, un capricho tan antiguo como insatisfeccho.

En esa estábamos, pujando por el Este y el Oeste sin esperar nada más que el final del partido, cuando se escuchó por primera vez la palabra Albacete en esta casa, al menos desde que nosotros la habitamos.

Quien la pronunció fue Letizia, nuestro sol de cuatro años, la única de la casa que ha nacido en España.

-Yo quiero ir a Albacete.

-¿Qué has dicho? ¿Adónde quieres ir? -le preguntó Giuliana tentando casi la equivocación de la niña.

-A Albacete. Al - ba - ce - te.

No sabíamos si respirar o reir. Giuliana y yo enmudecidos.

Menos mal que Alessandro tuvo a bien intervenir para salvarnos.

-¿Albacete por qué, Leti?

-Porque los abuelos de mis amiguitas viven allí.

No lo sabíamos realmente, tampoco sabíamos muchas cosas sobre Albacete, pero poco a poco no estamos empapando. El sábado próximo iremos allí. Gracias a Leti.

2 comentarios:

maite dijo...

Albacete, no voy a recitar el famoso dicho, sería de mal gusto y no viene al caso.
Tengo grandes amigos allí, parte de mis compañeros de la facultad. Dejé de verlos al terminar la carrera, fué un final un poco turbulento en algún caso, pero por carta (aún se levaban las cartas)se pudo arreglar.Un buen día pasó algo igual de casual, se acercaba el fin de semana y Alejandro y yo queríamos hacer una de esas escapadas románticas que ya ni recuerdo, miramos el tiempo y anunciaban lluvias en todo el país menos... en Albacete. Me puse manos a la obra, hice un par de llamadas y rápidamente arreglamos el viaje. Era la feria, la ciudad estaba petada y no hay Corte Inglés para esconderse. Bueno, lo pasamos bien, la ciudad no es muy bonita... es fea como Castellón, pero sin duda, lo mejor, volver a ver a mis amiguitos. Muac, espero que os guste.

Gilberto dijo...

Hermosa intervención de Leticia. Los niños son bestias, exploradoras de vida,y suelen extraer las bellezas agazapadas en las cosas que parecen vulgares.El valor de la sencillez abuelos, y sus llamadas ancestrales. Es como un amor vírico,que infecta. No te sorprenda que haya algún peregrinaje a venezuela o a italia,de algún amiguito de Leti.Saludos del mercosur